Ir al contenido principal

Entradas

MI VIAJE

Cuando me dijo que teníamos que esperar para marcharnos, sentí una mezcla entre rabia y frustración. Tenía muchas ganas de conocer aquel lugar paradisíaco  que renovaba el alma y el espíritu. Había que atravesar un desierto, en el que hacía un inmenso calor, después se cruzaban los frondosos bosques, donde podías encontrar animales de todas las clases que pudieras imaginar. Se decía que allí, en esos bosques, vivían los unicornios, aquellos capaces de dar el don de la magia con sólo rozar al futuro mago. Dicen que cuando ves un unicornio, tu alma se enlaza a su vida y ambos formáis una pareja hasta el fin de su existencia. Dicen que si muere tu unicornio, el mago termina por quitarse la vida. Así les ha sucedido. Por eso yo, cuando me toca atravesar los bosques de Lavanda siempre lo hago en plena luz del día, ya que los unicornios son más sensibles a la luz y tienes menos posibilidades de encontrarte con ellos. Porque me encariño demasiado con los animales. No sé si podría soportar v
Entradas recientes

¿Y POR QUÉ NO? - MICROCUENTO

Al mirarle a los ojos, no sé qué me pasó que me quedé en blanco. Mis piernas no me obedecían, mis manos, se quedaron a ambos lados de mi cuerpo y mi boca se quedó entreabierta. Eran tan azules como el cielo en su atardecer. Su rostro, serio,  permanecía atento a una conversación con su compañero de equipo. Menos mal, pensé por un momento. Porque así tenía la excusa de no apartar la mirada de su cara, perfecta. Me hubiera gustado poder darle conversación, pero ¿de qué? Lo ideal hubiera sido acercarme y presentarme. Más sabía que, en cuanto me mirara directamente, olvidaría las palabras. Así que quité mi mirada y me centré en mis cosas. Tenía que terminar el artículo para enviarlo al periódico, como carta de presentación. Si me salía bien, podría pasar la entrevista y no tendría que preocuparme por llegar a final de mes. ****** No había dejado de mirarme desde que se había sentado en el restaurante. Siempre me pasa, mis ojos llaman la atención y ellas no dejan de mirarme. Es al

COMPROMISO

Samuel había alzado la pistola, hacia el cielo, reteniendo las lágrimas. Se encontraba en medio del restaurante. Frente a la mujer que lo había robado el corazón y a la familia de ésta. Acababa de interrumpir su comida de compromiso. - Te quiero, Mirian, eres lo mejor que me ha pasado y no puedo perderte -tras decir estas palabras, se apuntó en la sien con el arma. Mirian, vestida con ese vestido rojo que él mismo la regaló tiempo atrás, se levantó de la silla, ahogando un grito. Su prometido, Toni, contemplaba la escena atento. - No, Samuel, no lo hagas -le suplicó Mirian en apenas un susurro. - Pues no te cases con él -Samuel señaló con la cabeza a Toni, enfadado. Mirian se mordió el labio, incapaz de moverse ni de decir nada. Pensando en sus padres, que miraban al chico, extrañados porque no le conocían de nada. Toni tampoco podía apartar la mirada y le encantó escuchar aquellas propuesta. Sin embargo, él ya sabía la respuesta de ella. Pues aquel compromiso era en favor al

Siempre a tu Lado

"Porque prefiero irme yo antes que ellos.  Para no sufrir el dolor de su ausencia.  Vivir sin ellos me parece inviable".  El teléfono sonó a la una de la madrugada. La  mujer de 36 años contestó la llamada, sabiendo lo que se le venía encima. Sin siquiera saludar, la otra persona le contó lo que había pasado. - ¿Ya? -dijo la mujer, estaba en el salón de la casa familiar, y miraba a su hermana pequeña. Su padre acababa de morir. Casi una semana después de ingresar en el hospital. El cáncer daba las últimas puntadas en la batalla. Le habían sedado porque el intestino había sufrido un infarto, tenía las horas contadas. En la puerta del salón acababa de aparecer, Irene, la hija adolescente de la mujer que acababa de recibir la noticia, había comprendido que su abuelo había muerto y regresó a la cocina, llorando. Su tía, Noelia -que tenía 28 años- fue a consolarla. Su padre acababa de morir y ella no podía llorar. Se decía a sí misma que todo aquello

INFIERNO

INFIERNO -La distancia entre dos personas que se aman- El día de la boda había llegado. La novia se daba los últimos retoques antes de salir. Era un mar de nervios. Llevaba tanto tiempo esperando que llegara ese momento, que no podía creerse que estuviera sucediendo. Retocando el rímel, pensó en sus invitados, llegando a la iglesia, esperando su llegada. Pellizcándose los pómulos, imaginó al novio, esperándola en el altar o, quizás tan nervioso que estaría fuera. Decidió echarse más brillo de labios, resaltando más su sonrisa nerviosa. Alberto esperaba. Sí. Pero no en el lugar donde ella imaginaba. Se encontraba en el despacho del sacerdote, de espaldas a éste, con los puños sobre la mesa. No estaba nervioso, sino lleno de dudas. Había llegado donde tenía que llegar, pero no se sentía satisfecho. No se sentía bien y sólo tenía ganas de terminar con todo aquello. Porque no amaba a la que estaba a punto de convertirse en su mujer. Sino que su corazón seguiría perteneciendo

Y de repente tú: Capítulo 2º

(Sino has leído los dos capítulos anteriores, pincha aquí para el prólogo y aquí para el primer capítulo) CAPÍTULO 2º Consíguela!!!! Cuatro horas después… María llegó a la casa de su amiga, pulsó el timbre y esperó. Tardaron unos   minutos en abrir pero, al verla, la cara de Carmen se iluminó. La empujó hacia el salón y, antes que la joven pudiera arrepentirse. Para la mujer era un gran alivio compartir el problema de su hija con la persona que más paciencia la tenía. ― María ¡Qué alegría! ¡Creí que ya no vendrías! ―suspiró Carmen, la joven percibió que sus ojos se le llenaban de lágrimas ¿Tan mal estaba la situación por allí? ― Hola ¿qué tal Melinda? ― Igual, no atiende a razones. María dio dos besos en la mejilla a Carmen y, sin más, fue directamente hacia la habitación de su amiga. La puerta estaba cerrada, ella no tocó, directamente abrió, con cuidado. La habitación estaba a oscuras, no se distinguían los muebles. La persiana estaba echada, las cortinas corri

Y de Repente Tú: Capítulo 1º

(Sino has leído el capítulo anterior pincha AQUÍ  para ir al prólogo) Varias semanas después… La madre de Melinda cerró la puerta  del dormitorio de su hija, con pesar. La muchacha llevaba semanas sin salir de la habitación. Estaba triste, los primeros días no probaba bocado, hasta que — una sufrida madre— consiguió que, por lo menos, se llevara algo de alimento a la boca.   Los días transcurrían y la joven no  salía de su reclusión, no hablaba con  nadie de su familia, ni siquiera su madre  conseguía arrancarle las palabras. Ésta  no sabía qué demonios hacía su hija,  allí encerrada. Ya que cuando pasaba a  llevarle una bandeja de comida, siempre  la veía tumbada, hacia arriba, seria y triste, como si su vida se fuera apagando poco a poco.   Sin embargo, lo que su madre no  sabía, cuando salía de la habitación, era  que Melinda —siempre— volvía la  mirada hacia un lado, palpaba debajo  de la almohada y localizaba su móvil.  Comprobándolo una y otra vez y nunca enco