jueves, 26 de marzo de 2020

Siempre a tu Lado

"Porque prefiero irme yo antes que ellos. 
Para no sufrir el dolor de su ausencia. 
Vivir sin ellos me parece inviable". 



El teléfono sonó a la una de la madrugada. La  mujer de 36 años contestó la llamada, sabiendo lo que se le venía encima. Sin siquiera saludar, la otra persona le contó lo que había pasado.

- ¿Ya? -dijo la mujer, estaba en el salón de la casa familiar, y miraba a su hermana pequeña.

Su padre acababa de morir. Casi una semana después de ingresar en el hospital. El cáncer daba las últimas puntadas en la batalla. Le habían sedado porque el intestino había sufrido un infarto, tenía las horas contadas.

En la puerta del salón acababa de aparecer, Irene, la hija adolescente de la mujer que acababa de recibir la noticia, había comprendido que su abuelo había muerto y regresó a la cocina, llorando.

Su tía, Noelia -que tenía 28 años- fue a consolarla. Su padre acababa de morir y ella no podía llorar. Se decía a sí misma que todo aquello era un sueño. Nada había cambiado. Todo volvería a ser como antes.  Abrazó a su sobrina y le dio un beso en su pelo negro, tranquilizándola.

- Ahora voy -dijo de nuevo la mujer y cortó la llamada. Después buscó a su hermana menor, en la cocina- Noelia, hay que ir al hospital -No hacia falta decir nada más. La pequeña ya se lo había imaginado todo al escucharla, también.

- Ve tú, Cata, eres la mayor y sabrás lo que hay que hacer -Noelia quería retrasar la realidad todo lo que pudiera- Yo me quedo con los niños-

Cata estaba vestida, así que no tardó en salir de casa y acudir al hospital. Mientras Noelia entretenía a su sobrina, que estaba pintando. Se habían quedado en la cocina y la chica no sabía cómo tenía que reaccionar. Así que se puso a preparar tila, para su madre.

Recordó a su madre y en cómo debía estar. Con lo que era, estaría loca de dolor. Una infusión le sentaría bien, si quisiera tomársela. 

Su móvil vibraba por las notificaciones del Facebook. Había escrito un estado en su perfil: "Se acabó". Y debajo, comentarios de sus amigos, dándole el pésame. Más Noelia no lo entendía ¿Por qué? Su padre todavía no se había ido. Estaba en el hospital e iba a volver a casa. 

Su madre, sus hermanas y sus cuñados, regresaron a casa sobre las tres de la mañana. Le dijeron que se habían llevado a su padre al tanatorio y se le podría velar a partir de las 05:00 a.m.
Así que esperarían a que llegara la hora de ir a despedirlo. Por última vez.

Noelia vio a su madre, triste, enajenada, llorando en silencio. Pero no fue capaz de sentir dolor. Porque para ella su padre seguía en el hospital, dormido, y al día siguiente irían a verle. Y estaría vivo.

Las horas pasaron rápido y su cuñado, su hermana, Noelia y su madre, se fueron al tanatorio. Esta vez Cata se quedó en casa, con sus hijos, iría por la mañana cuando los dejara con los otros abuelos. 

Noelia había preparado una mochila con un termo caliente de tila, algunos bollos que había encontrado, kleenex,... Todo lo que se le ocurrió que podrían necesitar. Había asistido a velatorios, pero siempre había estado un par de horas y se había ido. Sin sentir nada más. Así que no sabía muy bien qué podrían necesitar en las siguientes horas.

El tanatorio se encontraba en la otra punta de la ciudad, aun así no tardaron mucho en llegar. Eran las cinco de la madrugada y la sala estaba abierta al público. Puntualidad ante todo. La familia entró, despacio, en la sala. Noelia acompañó a su madre, mirando a su alrededor. El lugar era sencillo y elegante. Tenía tres sofás dispuestos alrededor de una ventana circular. También había una mesa con unas tarjetas en forma de libro:  con el nombre de su padre. 

Los cuatro caminaron para contemplar lo que la ventana mostraba. Y ahí ocurrió.

Un pinchazo en el pecho. Una presión que no le dejaba respirar. Las tripas se le revolvieron y los ojos se le llenaron de lágrimas. Ahogó un gritó y se agarró al cristal.
- ¡Papá! ¡papá, papá! -Notó que su madre la abrazaba por detrás y la giraba para apoyar la cabeza de Noelia en su pecho.
- Hija, llora y desahógate, vamos, saca lo que llevas dentro.

El tiempo se detuvo para Noelia. El mundo desapareció ante ella. Solo estaban su madre, su padre y ella. Ni siquiera era consciente que su hermana estaba a su lado, llorando con ella. Su padre se había ido y ahora tenía que empezar sin él. Nunca había imaginado que ese momento llegaría. Por mucho que había intentado asimilarlo, no había podido. 

Y ahora era real.

Ya no estaba.

Se había ido...




sábado, 21 de marzo de 2020

INFIERNO

INFIERNO

Capítulo 7


El móvil del jefe de la banda sonó en su bolsillo. El coche acababa de llegar y tenían que salir ya de allí. Él, con un gesto de cabeza y un simple “Vámonos”, avisó a sus colegas y tuvieron que irse.
Sin mirar hacia atrás. Dejó que todo se convirtiera en un sueño. Se maldijo a sí mismo por no saber controlarse. No podía creer cómo lo había olvidado y había dejado de quererle.

Trasladaron a María al hospital Ramón y Cajal. Alberto no quiso separarse de ella. Mientras tanto, Cristian se acercó al grupo de amigos, mientras veía a la ambulancia alejarse.
-       
      -Es curioso, te casas con otra para huir del amor de tu vida y éste te salva la vida –musitó al devolver la mirada hacia Alicia, que hipaba en el hombro de su marido. Esperó unos segundos, curioso por la reacción de la joven. No tardó en salir a la luz.
-     
     -Se acaba de casar, volverá con su mujer en cuanto sepa que la otra está bien ¡Por el amor de Dios, él ama a Clara! –Alicia le dedicó una mirada cargada de odio, Cristian optó por el silencio.
Sin embargo, otra respuesta le llegó en su lugar.
-     
      -¡Qué ilusa eres! Desde luego, no le conoces nada, porque no va a volver –Clara suspiró con cansancio, sólo quería irse de allí.

El grupo se giró hacia ella y vieron su lamentable estado, en ese momento no era la novia más bella del momento: el vestido estaba sucio, el peinado hecho un desastre y sus ojos ennegrecidos por el rímel. Alicia se acercó a ella, para consolarla.
-     
      -Por supuesto que te equivocas, Alberto vendrá, le salvó la vida, es normal que actúe así.
-     
      -¡Oh! ¡Quieres callarte! –Rubén no pudo evitar saltar y meterse en la conversación, muy enfadado, harto de la situación- Sí, María le ha salvado la vida, pero ella no es otra que su gran amor y eso nada va a cambiarlo-
-     
      -Tiene razón –Clara bajó la cara, mostrando cierto pesar.
-       Pero, su deber es contigo ¡Eres su esposa! –Alicia seguía empeñada en creer cualquier otra cosa, excepto que Alberto no regresaría. Necesitaba no tener excusas para hacer lo mismo.
-       No, Alicia, no soy la mujer de Alberto, todo esto –la novia señaló el gran salón, con pena- Es una farsa-
-       ¿Cómo? –la chica no podía creerlo.
-       Lo hizo por mis padres; mi padre tiene cáncer y su felicidad era verme casada con él –Los ojos de Clara se llenaron de lágrimas, amargas.

Aquella confesión provocó  una punzada de dolor en el pecho de Rubén, pues  se encontraba en la misma situación que su amiga Alicia. Y no podía gritarlo a los cuatro vientos, por mucho que quisiera.

Alberto paseaba de un lado a otro de la sala de espera del hospital. Su aspecto no era mucho mejor que el  de la novia; tenía la camisa fuera del pantalón y la chaqueta estaba rota, manchadas de sangre. Aunque eso le daba igual, no podía dejar de mover las manos en el bolsillo, las sacaba, se acariciaba el mentón, se las volvía a meter dentro. Mirando la puerta por donde los médicos tenían que salir, esperando ver al que atendía a María.

“Aguanta, por favor, no te vayas”.

María, en el quirófano, aguantaba, a la vez que los cirujanos trabajaban por salvarle la vida.

Al final, Alberto se sentó, apoyándose sobre las rodillas. De repente, empezó a llorar, sin consuelo. Todavía no podía creerse lo que estaba viviendo. Si tan solo pudiera volver atrás… Se arrepintió de haber continuado con aquella farsa de matrimonio ¿Cuándo iba a dejar de pensar en los demás?
Los minutos le parecían horas y al chico se le antojó que la aguja de los segundos se retrasaba más. La espera lo estaba matando. Veía a las enfermeras pasar, algún que otro médico, de vez en cuando. Sin embargo, ninguno se acercaba a él para informarle. Y el miedo crecía cada vez más.

Un par de horas después, un cirujano salió al fin, todavía quitándose la mascarilla y el gorro de papel.
-     
      -¡Familia de María Linares!

Alberto se levantó como un resorte, siguiendo el sonido de aquella voz y acercándose al médico.
-     
     -Soy su marido –Mintió, entrelazando los dedos, y continuó- ¿Cómo está? por favor, dígamelo ya, doctor –Alberto le agarró por los brazos, desesperado, el médico le paró y le sujetó los brazos con firmeza.

El médico tardó unos segundos en responder, ya que hasta que no se tranquilizara no quería informarle. Cuando lo vio mejor, fue cuando habló:

-       
     -La operación no ha sido fácil, pero está estable –Lo más importante ya estaba dicho: viviría, ahora iría lo demás- Voy a dejarla en la UCI durante 72 horas, porque ha perdido mucha sangre y necesito ver que las transfusiones que le hemos hecho no intoxican el cuerpo y sus heridas internas sanan-
-      
     -Entonces ¿son buenas noticias, no? –las lágrimas del joven se podían interpretar ahora de alegría.
-       Aunque me preocupa cómo va a reaccionar su cerebro tras la operación.

El corazón de Alberto se detuvo. No quería que ella tuviera secuelas, por su culpa. Por no haber reaccionado a tiempo ¿Cómo no se dio cuenta de lo que ella pretendía hacer? Tenía que salir todo bien, al menos la culpa sería menor...

Continuará...

viernes, 20 de marzo de 2020

INFIERNO

INFIERNO

Capítulo 6


Todos se miraban en silencio. Apenas se movían. Expectantes, curiosos, por ver el desenlace de aquella incómoda situación.


El ladrón les miró. No podía dejarse amedrentar por un mocoso como aquel. Y menos con aquel en particular. Cargó el arma y le apuntó a la cintura, solo darle un escarmiento. Nada más.

Asustarlo.

Pero sus planes no salieron como esperaba. Sin más dilación, con los labios fruncidos, apretó el gatillo, cargando su ira en la bala que salía de la pistola y se dirigía hacia el muchacho. Pronunció su sonrisa, porque ya podía ver el final de esa historia

 Alberto cayó al suelo, golpeándose en la cabeza, inconsciente. Y, sobre él, otro que fue el que lo empujó y lo había hecho caer: María.

Cuando el ladrón se dio cuenta de lo que había pasado, se quedó completamente parado. No podía creer que ella se hubiera interpuesto entre la bala y él.

Eso lo enfureció más.

Los invitados gritaban, asustados. Con las manos en la cara, queriendo acercarse a ellos. Entonces Alberto abrió los ojos, respirando con dificultad, porque sentía presión en el pecho. Despacio, fue incorporándose y recordó dónde estaba. Fue cuando vio a María sobre él, inconsciente. Cogiéndola con cuidado, se incorporó, tomándola de la cabeza y tumbándola en el suelo.

La preocupación de él crecía por momentos. La dio pequeñas cachetadas en las mejillas, instándola a despertar. La apretaba la mandíbula, moviéndola de un lado hacia otro. Deslizó una de sus manos por la cintura de ella y notó la espalda fresca. Apartó la mano y la vio manchada de sangre.
-       
      -¡No!  -Alberto la acunó en sus brazos, la acarició a mejilla, manchándola de sangre-  Mi amor, no es justo ¿por qué?-Los ojos de él estaban velados por las lágrimas.

-       
      -Porque por amor se hacen grandes locuras, ya lo sabes –surgió la voz de María, rota, mantenía los ojos cerrados y le costaba respirar.
-       
      -Lo siento, mi amor, eres tú, siempre serás tú, por favor, no te vayas ¡Quédate a mi lado, por favor! –Alberto no hacía más que besarla en cada parte de la cara, en el pelo y luego la apretaba junto a su pecho. En aquel momento sabía que no quería perderla, que casarse con Clara había sido un tremendo error.

Tampoco el ladrón pudo contenerse y se dejó caer de rodillas ante ellos.

Otra vez no, por favor.

Apretó los puños y golpeó el suelo con fuerza.
-       
     -Siempre estaré contigo –fueron las últimas palabras que María escuchó antes de desvanecerse otra vez. Quiso sonreír, pero no llegó a hacerlo. También quiso tocarle la mejilla, pero su mano se quedó a medio camino, porque se cayó a un lado del cuerpo, inerte.

      Alguien había aprovechado la confusión para coger el móvil y llamar a emergencias. Lo hizo en susurros, pero logró su objetivo. Pronto llegaría la ayuda y saldrían de allí.

     Clara, escondida, vio como su marido no podía parar de llorar con la otra en brazos. Le vio susurrarle al oído y sintió envidia. Pero no le sorprendía, ya sabía que él no la quería...


     Continuará...

jueves, 19 de marzo de 2020

INFIERNO

INFIERNO

Capítulo 5


El ladrón soltó una fría carcajada. Disimulando, matar el tiempo ¿de verdad quería matarlo? Sí, era un estorbo, pero ¿de verdad merecía la pena? Miró a su cuadrilla, dispersos por el salón, atentos a cualquier movimiento, preparados para salir huyendo. Ellos no habían querido meterse en aquel hotel, había insistido él.


Porque necesitaba ir allí y verlo con sus propios ojos. Sabía que ella estaría allí. Había ocurrido todo muy rápido, cuando su móvil se lo había recordado. Su maldito aniversario. Al pensar en ella, volvió a investigar, a curiosear qué había sido de su vida.

No le costó demasiado, ya que era muy activa en redes sociales. Seguía viviendo en la misma casa de siempre. La siguió. Había visto sus fotos en Facebook con el novio. Le dolió que ella fuera tras él...

El delincuente centró su mirada en María y movió la cabeza de un lado a otro.
-     
     -Eres increíble, yendo detrás de él como un perro –él apretó los dientes, con rabia, apuntando su arma hacia ella, debería matarla y su dolor acabaría- ¿Por qué?-

María no respondió. Agarrándose a Alberto. Porque estaba aterrada.

Al principio no había reconocido su cara, pero, después lo recordó. Y sintió una punzada en el corazón. Todavía recordaba aquella etapa. Prefirió no contestarle, era mejor no entrar en su juego. Lo sabía por experiencia.

A su vez, el ladrón tampoco quería descubrirla. No delante de los demás. De pronto pensó que había sido una estupidez ir hasta allí. Todo iba a salir mal. Y una voz le sacó de sus pensamientos.
-     
     -Por favor, acaba con esto ya, déjales irse, quédate con mi vida, pero déjales marchar –La voz de Alberto sonaba ahogada. Tenía lágrimas en los ojos, pero no quería que salieran, las retenía para mantenerse fuerte.

El otro volvió a reír. Se frotó la nariz.
-     
      -¿Crees que soy gilipollas o qué? –dio unos pasos más hacia él, manteniendo la mirada, le señaló con el dedo- Si os dejo marchar avisareis a la poli... ¡Aquí os quedáis hasta que nos vayamos! -

Entonces María se adelantó y le habló directamente.
-     
     -Por favor, basta ya –rogó con un hilo de voz, para él fue la voz más dulce que había escuchado en años, aunque su tono era más bien de temor- No tienes por qué continuar así, puedes cambiar-

Aquellas palabras no pasaron desapercibidas para el delincuente. Es más las recordaba perfectamente porque años atrás se las había dicho. Y ahora, otra vez. Nervioso, preguntó:
-    
      - ¿Por qué?
-      
      -Porque sólo queremos salir de aquí con vida, váyanse, nosotros no vamos a contar nada,  queremos celebrar una fiesta y disfrutar, no queremos nada más –Mientras María hablaba, con mucha calma, caminaba hacia el ladrón, despacio, con las manos por delante, queriendo demostrarle que no tenía malas intenciones.

Aquellas palabras no eran las que él esperaba oír. Suspiró profundamente. Se rascó la nuca con la mano que sostenía el arma. Acaso ¿no lo recordaba? Quizás estaba fingiendo, ciertamente lo dudaba.

Miró a sus compañeros, que le devolvían la mirada, cansados. Llevaban horas esperando y querían irse ya. Se adelantó un paso, más cerca de ella, a apenas unos metros. La miró. La observó. Y habló.
-     
      -Va a ser que no, porque he cambiado de planes –se ganó toda la atención y María le miró, extrañada.

Las horas pasaban, haciéndose eternas. Y lo que quedaba, el que iba a recogerles les había dicho, que llegaría bien entrada la noche. Todavía quedaba un par de horas. Estaban impacientes. Pronto se irían. Y ella con ellos. Lo había decidido. La volvería a enamorar. Si se había enamorado de él una vez, lo volvería a hacer.


La idea se había fijado en su mente y no parecía olvidarla.

Alberto volvió a colocarse junto a ella, la cogió de la mano y la arrimó junto a él.

“Es mía”.
-      
      -Te lo pido otra vez, quédate conmigo, que se marchen, por favor –repitió Alberto desesperado.
-      
      -¡Deja de poner condiciones, joder! ¡Aquí mando yo! ¿Te queda claro el concepto? –el ladrón hizo un gesto, a la altura de su frente, con los dedos índice y pulgar, moviéndolos ligeramente.

Alberto no aguantó más y explotó.
-      
         -Pues fíjate que no –en el rostro de Alberto se percibía cómo crecía poco a poco- Porque tienes las santas narices de entrar en este salón, estropear mi boda y amenazar a mi gente, así que las condiciones las pongo yo sí o sí-
-      
        -¡No me toques los cojones, niñato de mierda!
-      
      -¡Me la estás tocando tú a mí al entrar aquí!

Continuará...



miércoles, 18 de marzo de 2020

INFIERNO

INFIERNO

Capítulo 4


Ella se había quedado inmóvil, insegura, sin saber cómo actuar. Intentando recordar si aquel era parte de uno de los invitados. Él la alcanzó, agarrándola del brazo y llevándosela consigo.
-       
     -Yo… -intentó decir ella, más las palabras murieron en sus labios, mientras el otro la empujaba para llevarla con el resto de rehenes.

María la vio entrar, a empujones, ayudó a Cristian a sentarse en una de las sillas, y, decidió acudir en refuerzo de su amiga.

Los delincuentes aprovecharon la barra libre, la comida, para arrasar con lo que quedaba, mientras esperaban.
-       
     -Enseguida vuelvo –murmuró María, mientras miraba alrededor, tratando de buscar una salida, con la intención de a la policía. Sin pensar en las consecuencias de sus actos.

María descubrió que le daba igual si la cogían, porque ya no tenía miedo que perder.

Alberto aprovechó su despiste, para acercarse hasta ella. La agarró de la mano, provocando que ella se girara y le observara sorprendida. Dejó que la colocara tras él,  protegiéndola. María permaneció en silencio, esperando el momento oportuno para ayudar en la situación. Los dos, se movieron con cierto disimulo, evitando ser vistos por los ladrones que apuntaban con sus armas. Aunque, el cabecilla del grupo, se había dado cuenta de sus intenciones. Frunció el ceño, sin poder evitar los pensamientos turbadores que le acechaban.
-       
     -¡Eh, tú! –gritó él- ¿Se puede saber qué coño estás haciendo?-

Alberto no contestó, sin querer, apretó más la mano de María, como si de esa forma,  el otro no pudiera hacerla daño.
-       
     -¿Vas a protegerla? ¡De mi depende que viva o muera! ¿queda claro el concepto?

María salió de su escondite, colocándose al lado de Alberto, le miró de reojo y dio un hondo suspiro.

El ladrón les miraba muy atento, algo que sus secuaces  pasaban olímpicamente. Nervioso, estaba acostumbrado a que le obedecieran, esos dos no le traían gratos recuerdos y, por si fuera poco, no recibía la llamada de su jefe, estaba empezando a perder la paciencia.
-       
     -¡Vaya!–dijo con ironía, mirándoles con burla- ¡Cómo os agarráis! Pero una cosita de nada, una tontería, tú eres el novio, está más que claro, pero la novia… ¿dónde está?-
-       
      -Por favor, no hagan daño a mi familia –suplicó Alberto, apretando con más fuerza la mano de María.
-       
      -¡He preguntado por la novia, coño! ¿dónde está?

Un disparo provocó que todos los asistentes se agacharan y gritaran con terror. Clara se resbaló, se arrastró debajo de una mesa y se cubrió la cabeza con las manos. Lloraba, llena de rabia ¿por qué tenía que pasarle a ella? ¿Por qué el día de su boda? Olvidó que Alberto se enfrentaba a los ladrones.

Lo que ella quería era salir ilesa de allí. Y lo más pronto posible.

El jefe de la banda, después de pegar cuatro tiros más hacia el techo, rió con sarcasmo. Pero nunca dejaba de mirar hacia la pareja que se agarraba en el centro del salón.
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      -¿Crees que te va a servir de algo enfrentarte a mí? Sigue soñando, chaval, y menos gratis.

Alberto no dejaba de darle vueltas, intentando buscar una solución. Miró a su alrededor y se cruzó con la mirada del ladrón, que apretaba los dientes y le miraba lleno de furia.
-       
      -Mira, puedes quedarte tranquilo, sólo me interesa huir de aquí –Alberto cerró los ojos con alivio, pero los volvió a abrir enseguida y el ladrón continuó- Aunque, quizás podría llevarme una vida ¿qué te parece la tuya? ¿Aceptas el trato?-
-        
      -Si eso salva a mi familia y a todos sí –contestó Alberto sin pensárselo dos veces, María le miró sin saber qué decir, con el ceño fruncido. Le hubiera gustado rebatir aquella respuesta, pero la rápida mirada que le lanzó él, la obligó a morderse la lengua...

Continuará...



martes, 17 de marzo de 2020

INFIERNO

INFIERNO

Capítulo 3

Cristian no se defendía, su corazón estaba roto y contemplaba como su amor huía fuera de la sala. Permaneció quieto, dejándose golpear, sin ganas de seguir. Porque había visto a Alicia salir del salón, con la cabeza gacha, sin hacer nada.


De repente, las palabras de su acompañante a allí, llegaron a sus oídos. No tenía que haber ido. Pero él insistió y ahora, se arrepentía… Sobre todo, porque la obligó a llevarle al hotel. Él no tenía coche y ella sí. Por supuesto, le tenía que esperar fuera, no se atrevía a entrar.

Alberto no era capaz de parar a Pedro, porque tenía más fuerza. Este último descargaba su ira, desfigurando la cara de su víctima. Nadie podía con él. Nadie fue capaz de apartarle. Quizás porque no les conocían y no querían meterse en más peleas. El novio estaba desesperado, no sabía qué hacer. 

Ya pensaba en avisar a la policía, cuando escuchó su voz.
-       No le hagas más daño, por favor ¿no ves que has ganado? –era la voz en susurros de una mujer.
María había esperado en el coche. Sin embargo, sintió que su amigo tardaba demasiado, algo no iba bien. Y entró. No le fue nada fácil, pero lo había conseguido. Aunque en ese momento sólo pensaba en una sola cosa: no mirar al novio a los ojos.
-       
     -Acaso ¿no te has dado cuenta que ella está contigo?

Pedro se detuvo por primera vez. Su mano se quedó a escasos centímetros de la cara de Cristian, al que le daba igual todo en ese momento.
-      
     -¿Y por qué insiste? –preguntó Pedro con un tono bastante fastidiado de voz.
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     -Porque es tan iluso que se piensa que tendrá una oportunidad –muy bien, sigue sin mirarle- Porque es tan idiota que sigue creyendo en el amor-

María se acercó hasta Cristian y lo ayudó a levantarse. Alberto quiso ayudarla, pero ella no le dejó, no quería que pudieran tocarse.

La novia se había reunido con su familia. Estaba muy enfadada por todo el alboroto que se había organizado. Echó pestes de su amiga Alicia. Deseaba que se marchara de su fiesta y juró vengarse.
María caminaba con Cristian, todo lo rápido que las piernas de él le dejaban. Alberto se quedó más atrás, mirándola: “No te vayas, por favor, Dios no lo permitas”.

En la entrada del salón se armó un revuelo. Los invitados se hicieron a un lado atemorizados. Una banda armada con pistolas se colocó en el centro, apuntando a todos los presentes.

Un disparo hacia el techo, los silenció a todos.
-       
     -¡Todos al suelo y calladitos! –Gritó de repente alguien que no estaba invitado. Resultó ser el líder de una banda.

Todos le obedecieron al escuchar el disparo, con el pánico reflejado en sus caras. Alberto se adelantó y cogió a María de la mano, para arrastrarla hacia sí.
-       
     -¡Si hacéis caso nada tiene que salir mal! –con la escopeta en la mano, el delincuente se paseaba con total tranquilidad.

Pedro estuvo a punto de encararse con los ladrones, pero su amigo lo detuvo, negando con la cabeza.
-       Pero ¿qué quieren? –murmuró Pedro a su amigo, palabras que llegaron a los oídos del delincuente.
-       
     -¡COLABORACIÓN POR PARTE DE TODOS! ¡Así que quietos donde estáis! –con el arma en alto, se paseaba por el enorme salón.

Ninguno de los rehenes se atrevió a decir ni una sola palabra, sólo  se preocupaban de no cometer ningún error para enfadarlos más. Todos permanecían quietos, excepto Alicia, que no fue consciente de lo que sucedía hasta que salió del baño y se tropezó con uno de los atracadores.
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      -¡Eh! ¿Dónde crees que vas? –le gritó el chico, caminando hacia ella, que miraba a ambos lados, sin comprender...


            Continuará...

Besitos de parte de αἠỽἕἱἀ

lunes, 16 de marzo de 2020

INFIERNO

INFIERNO

Capítulo 2


Un par de horas después, ya en el salón dónde se celebraba el banquete que era inmenso y con una zona reservada para el baile.

Clara, la novia, paseaba de mesa en mesa, hablando con sus invitados.
 El novio había evitado acompañarla, parecía estar muy interesado en una conversación con su padre y su suegro: “Ahora voy”. Aunque no tenía ninguna gana de pasearse con su mujer.

Clara había llegado a la mesa de una de sus mejores amigas: Alicia. Ésta se había presentado con su marido, Pedro, y otra pareja más,  que se llevaba muy bien desde hacía un par de meses.
-      
     -¿Lo estáis pasando bien? ¿Os gusta el sitio? –preguntó la novia, sonriendo, apoyándose entre su amiga y el marido.
-       
     -Es muy bonito, tiene pinta de caro ¿no?
-       
     -Pues no estoy muy segura, lo pagan mis padres.
-       
     -¿Y Alberto no dijo nada? –Alicia sonrió con picardía.

Clara imitó a su amiga y sonrió, también.
-       
      No, dijo nada, dejó que hiciera lo que quisiera.
-       
     -¿De qué habláis, niñas? –la voz del aludido las sorprendió cuando él se acercó.

Alicia no pudo evitar soltar una carcajada, le parecía gracioso el particular acento que tenía: parecía andaluz, sin embargo, él era de Toledo y no tenía nada que ver con el sur. La joven se cubrió a boca con las manos, desviando la mirada hacia la pista de baile, donde ya se concentraban algunos de los invitados.

Fue entonces cuando palideció. Frente a ella estaba él.

Cristian. Su amante en fantasías, que la miraba con el rostro triste. Tras unos minutos, se acercó, con lentitud, hacia la mesa donde ellos se encontraban. Sin dejar de mirarla.

Alicia rezaba que él se detuviera, que no avanzara más. Temía lo peor: el rostro de su marido había cambiado de color. Estaba furioso.
-       
     -Alicia –pronunció Cristian en apenas un susurro.

La aludida no contestó. Los amigos estaban expectantes, en el fondo, esperaban a ver cómo se desataban los acontecimientos.

Alberto sintió pena por el muchacho, tenía el corazón encogido, sin entender muy bien por qué. De pronto, se le antojó que ella hubiera acudido a la boda, para convencerle que se fuera con ella.
-       
     -Alicia –volvió a suplicar Cristian- No puedo más, te necesito-
-      
     -¿¡QUÉ COÑO ESTÁS DICIENDO!? –Pedro se levantó, tirando la silla al suelo, apretando los puños con firmeza, dirigiéndose hacia él.

Alberto salió de su ensimismamiento y se interpuso entre ambos. No debían armar un escándalo. Lo que no sabía era que lo mejor estaba por llegar.
-       
     -¡Chicos, por favor! ¡No quiero líos en mi boda!
-      
     -No, por mi parte no habrá pelea, sólo he venido a por lo que me pertenece.
-      
        - Pero… ¡ESTE TÍO ES GILIPOLLAS! ¡Al final le doy una ostia!

La aludida estaba paralizada. No sabía qué hacer. Su mente le decía una cosa y su corazón le rogaba otra. Sus ojos se le empañaron de lágrimas. No podía mirarle directamente a los ojos, se sentía avergonzada.

Él lo notó.
-         
         -No puedes ocultarlo ¿verdad?
-       
         -¡Se acabó! ¡No lo aguanto más! –Pedro se echó sobre el recién llegado y le pegó un puñetazo en la cara, uno y le siguieron muchos más.

Alberto intentó pararle y pidió ayuda. Uno de ellos, que era más fuerte, se unió en su ayuda. Mientras Clara les contemplaba horrorizada, aquel día debía ser el más bonito de su vida y se lo estaban destrozando...

Continuará...

Besitos de parte de αἠỽἕἱἀ

Siempre a tu Lado

"Porque prefiero irme yo antes que ellos.  Para no sufrir el dolor de su ausencia.  Vivir sin ellos me parece inviable".  ...

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