INFIERNO
INFIERNO
-La distancia entre dos personas que se aman-

Alberto esperaba. Sí. Pero no en el lugar donde ella
imaginaba. Se encontraba en el despacho del sacerdote, de espaldas a éste, con
los puños sobre la mesa. No estaba nervioso, sino lleno de dudas. Había llegado
donde tenía que llegar, pero no se sentía satisfecho. No se sentía bien y sólo
tenía ganas de terminar con todo aquello. Porque no amaba a la que estaba a
punto de convertirse en su mujer. Sino que su corazón seguiría perteneciendo a
otra.
Los recuerdos no cesaban de asaltar su memoria…
“- ¡DÉJAME EN PAZ DE UNA VEZ! –Gritó ella,
encarándose con él, apretando los puños. Con los ojos empañados en lágrimas, el
rostro rojo de ira y rabia contenida- ¡LÁRGATE DE MI VIDA DE UNA VEZ! ¡NO QUIERO
VOLVER A VERTE MÁS!-
Alberto la observaba,
impotente. Con una mirada triste.Sin poderse creer lo que escuchaba. No podía
ser cierto. Porque su corazón le decía lo contrario. Los días que habían pasado
juntos, eran tantos, que se empeñaba en no creer aquellas palabras. Fruto de
esta rebeldía de sus pensamientos, él la agarró de las muñecas y pegó más su
cuerpo al de ella.
-
-¿Es cierto,
entonces? ¿Todo era mentira? Porque yo no me lo creo –Alberto la zarandeó, intentando
ocultar su rabia, pero no lo conseguía.
María se quedó en
silencio unos minutos, calibrando sus respuestas, para no fallar sobre lo
aprendido.
-
-¿Cómo voy a
quererte? ¡Mírate! –rio ella, forzando la sonrisa- Eres sólo uno más en mi
lista, créeme ¡Qué pereza estar contigo!-
El corazón de Alberto
no pudo resistir aquellas palabras. La soltó, sin decirle nada, sin reprochar
su falso amor, se dio media vuelta y se fue. Repitiéndose a sí mismo que no
mirara hacia atrás. Tenía que irse. Porque quería borrar aquella cara bonita
que un día lo había enamorado…”
Alberto no podía soportar el dolor del recuerdo y las
lágrimas se precipitaron en sus ojos.
-
Hijo, ¿está seguro de seguir adelante?-
-
- No deberías –surgió una voz de hombre desde la puerta
del despacho. Se trataba del hermano del novio, que acababa de entrar, le
miraba con el gesto serio y, tras unos segundos de silencio, continuó- ¿Por qué
eres tan cabezota? No sigas, basta ya, deja de hacerte más daño-
Alberto se quedó en silencio. Su hermano tenía razón. Pero
ya era demasiado tarde. Se limpió las lágrimas y se giró, para mirarle a la
cara.
-
-No, sólo me emociona la boda, ha sido muy duro llegar
hasta aquí y por fin...
-
-Ya, perdona que lo dude –el chico avanzó unos pasos -
Sé cuánto la amabas y me sorprende que la hayas olvidado tan rápido-
Alberto no dijo nada más, se dirigió hacia la puerta, donde
le esperaban sus invitados, ya sentados e impacientes. El sacerdote le siguió,
caminando despacio, para colocarse en su puesto. La madrina esperaba al novio,
para agarrarse de su brazo y acompañarle hasta el altar. La novia había
llegado, la ceremonia iba a comenzar...
Continuará...
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Besitos
de parte de αﮑἠỽἕἱἀ
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