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Relato basado en la serie "La Fuga"

Él no tenía la menor idea que volverían a encontrarse. De haberlo sabido hubiera hecho hasta lo imposible por evitar aquel encuentro, o quizás no. Pues cuando la vio bajar del helicóptero, con las manos en la espalda, no supo cómo reaccionar. Se quedó paralizado, el tiempo pareció detenerse y el mundo a su alrededor murió en aquel instante. Era la primera vez que la veía tras siete largos años de separación y su mirada no era la misma. Tenía la vista perdida, se dejaba hacer por los guardias, con el pelo revuelto –aquel brillante pelo que había lucido largo y espléndido sobre la espalda tiempo antes- ahora lo tenía más corto. Los guardias se habían detenido frente a él, esperando órdenes –para eso él era el Capitán de aquella aislada prisión- y, con el semblante serio, fingió no conocerla. ¡Llevadla abajo! ¡A la habitación de seguridad! ¡YA! –Gritó Reverte, elevando la voz por encima del ruido del helicóptero. Así lo hicieron. La condujeron abajo mientras ...

Desamor

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"¿Y qué le hago yo si te quiero más que a nada en el mundo?" Aquélla pregunta le rondaba la mente constantemente. No sabía cuál podría ser la respuesta más adecuada. Pero sí la que le llenaría el corazón Aunque le doliera, por mucho que las lágrimas amenazaran con desbordarse de sus ojos. La joven se había tenido que escapar de la cafetería, no quería que la vieran llorar, y menos aún que él pudiera intuir algo. Al parecer, nadie se fijó en ella, con lo que pudo salir a la calle y esconderse tras una esquina, donde lloró sin consolación alguna. "Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero" Una vez que se derrumbó, fue lo único que se le vino a la cabeza. Sentía una parte de su alma aliviada con sólo pensarla. Le hubiera gustado gritarlo a los cuatro vientos, pero no podía. Se dejó caer del banco donde había estado sentada. Su móvil vibró en el bolsillo. Seguramente sería él, pensó. Sin oponer resistencia, lo comprobó: no, era un número oculto. I...

PERDIDA

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Sólo podía recordar aquella mirada vacía, inexpresiva, mirando a través del cristal. Aquella mirada era la de un rostro triste, su mente sumida en los más profundos pensamientos, encerrada en su propia locura. Y todo era por mi culpa, si ella estaba encerrada en aquel psiquiátrico era sólo por mi error. Ni siquiera fui a verla, no podía enfrentarme a ella, otra vez. Miré mi mano izquierda donde relucía un anillo de oro, mi anillo de bodas. Todo era una mentira, al menos por mi parte. Porque sé que ella sí estaba enamorada. Por eso me aproveché de ella. Todo por dinero. Por su dinero. Y ahora ¿Cómo me veo? Sólo. Sin la persona a la que más quiero. Porque mi pareja en ese momento me dejó, se sintió  traicionada y me abandonó. A pesar que yo le expliqué mis motivos, eso la ofendió más. Me levanté de la cama tras escuchar el sonido del teléfono. Fui al salón, con cierta rapidez antes que se perdiera la llamada. -       ...

ENTRE LLAMADAS...

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(Continuación a VENGANZA , si no leíste lo anterior clica  AQUÍ ) Esperó el momento oportuno para acercarse a ella… Pues el estúpido coordinador se había empeñado en enrollarse a hablar con la muchacha. Tardó… Poco a poco el asesino se fue acortando la distancia, empuñando con fuerza el cuchillo desde el interior de su cazadora. Su mirada se mantenía fija en su objetivo, todo a su alrededor no existía, ni siquiera el sonido de las teclas del ordenador, ni las voces del resto de personas,… Nada: sólo ella y él. Sin embargo, el estúpido del coordinador seguía ahí plantado, mirándole con sorpresa, parecía dispuesto a preguntarle qué hacía. Aquel gesto no le achantó. Y rápido le clavó el cuchillo en el costado a la muchacha, que sintió un dolor agudo, llevándose las manos a aquel punto. El asesino salió corriendo de la sala, buscando un escondite. El coordinador no era otro que Iván, que cogió a la joven en brazos al ver como ella perdía el sentido. Sin más...

Venganza

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Eran tres: Iván, Noelia y Susana. Ninguno sabía que iban a morir, aunque uno de ellos tendría suerte y tendría la opción de salvarse. Obviamente de haber sabido lo que ocurriría al final de aquella mañana, habrían evitado ir al trabajo. Pero no. Iván y Susana solían quedar para llegar juntos al trabajo, así el viaje resultaba más ameno. Juntos, atravesaban la ciudad madrileña, hasta llegar al viejo barrio de Canillejas. Noelia se les unía después, para desayunar. Aquella fría mañana de noviembre todo transcurrió como debía ser habitual. Los chicos trabajaban en un call center, emitiendo llamadas de una importante operadora de telefonía. Las horas se sucedían lentas, una tras otra, como si de una pesada losa se tratara y Susana ya no podía más. Tan sólo eran las 10:30 de la mañana y ya la habían cambiado unas diez  veces, entre la emisión de una campaña y la recepción de otra. La joven tiró los cascos sobre la mesa y se levantó, corrió hacia el baño, con los ojos ba...

ÉRASE UNA VEZ...

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... El barco surcaba el mar con precisión, el Capitán se anticipaba a los movimientos que el viento profería, sin fijarse en nada más. Aquel fue su error. Viró el rumbo sin comprobar el camino y las consecuencias las tenía junto enfrente. Otro barco, cuya bandera, negra con una calavera en el centro, ondeaba en el mástil,se acercaba a ellos.  Piratas.  Y no tenían escapatoria, ya que estaban demasiado cerca. Sus marineros estaban muy nerviosos, no sabían qué hacer. Entretanto, el Capitán no dejaba de mirar a través del catalejo. Fue entonces cuando le vio, observándole directamente a los ojos, sin siquiera ayudarse de ningún objeto. Su mirada era penetrante y causaba cierta aprensión.  No sabía a qué atenerse, el viento se levantaba con  más fuerza cada vez, según los barcos se iban acercando. Un remolino se hacía más grande, profundizando en el inmenso océano. Sendos barcos, situados en ambos extremos, inclinándose desde el mástil hacia abajo. Los...

Río Abajo

-RÍO ABAJO- Había decidido salir fuera, aprovechando los cinco días de puente, en los que -por supuesto- no tenía que ir a trabajar. Necesitaba salir y despejar mi mente, antes que pudiera cometer alguna locura, de esas que luego una se arrepiente.  Por eso, una vez llegué a casa, me dispuse a prepararlo todo, quería irme yo sola, para pensar, para aclarar mis ideas. Miré en internet, ya que en un primer momento pensé irme a una casita rural, alejada en algún pueblo menos conocido. Sin embargo, cuando vi una oferta relacionada con aquella excursión en el río, no pude negarme ¡Aquello era diferente! Me ayudaría muchísimo a olvidar... Tendría que estar pendiente de navegar, de no caerme al agua, de llegar al final de aquel trayecto; sin pensar en nada más. Decidí que viajaría un miércoles por la mañana, cuando tomé la decisión de olvidarme de él. Pasaron dos días, dos días en los que me concentré en seguir mi rutina diaria tanto en el trabajo como en casa. Procuraba no pen...