Y de Repente Tú...

Nunca creyó que aquello podría pasarle a ella. Ni siquiera cuando se levantó aquella mañana de verano y se marchó a trabajar, supo que cerraría el día con un broche de oro.

Había quedado por para cenar con su mejor amigo, Javier, cuando éste saliera de trabajar. Lo que no sabía era que su amigo no acudiría sólo a la cita. Se sorprendió bastante, pero no quiso pensar mal y decidió esperar a que su amigo le explicara qué había pasado.

- Hola, cielo ¿qué tal el día? -preguntó Javier dándole un beso en la mejilla, mientras le acariciaba el brazo.

- Pues como otro día cualquiera ¿y tú? -respondió ella mirando a su amigo y al otro joven con curiosidad.

- Bien, hoy ha habido mucha gente, ha sido un no parar.

Juntos caminaron hasta el restaurante donde cenarían, uno nuevo, porque Javier quería sorprenderla, pues le tenía una sorpresa preparada. Aunque su amigo estaba presente, pero no podía dejarle atrás, ese día no.

- ¡Vaya! ¡Este sitio tiene pinta de ser muy caro! ¿Por qué? -ella le miró con la boca abierta, con un gesto entre inocente y divertido.

- Tú te lo mereces todo, cielo -Javier le rodeó la cintura, atrayéndola más hacia él.

Más la joven no podía seguir disimulando y se dirigió al otro chico, que caminaba con la cabeza gacha.

- ¡Qué mal educado eres! ¡No nos has presentado! Hola, soy Alicia.

El chico se giró y la miró. Se le notaba triste, aunque procuraba que no se le notara...

- Hola, soy Carlos, perdona que me haya acoplado a vuestra cena, pero Javier insistió -dijo el chico fingiendo una sonrisa.

- Tranquilo, hoy necesitas distraerte y qué mejor que con nosotros -Javier le puso una mano en el hombro, para infundarle ánimos.

Alicia le observó, intentando descifrar la verdad en su rostro. Parecía que no querían contar lo que le había pasado. Javier le instó a entrar en el local y le dijo al maitre su nombre para que les llevara a su mesa, no sin antes pedir que les pusieran un hueco más en la mesa para su amigo.

La noche transcurrió de lo más amena, aunque Javier guardaba una sorpresa para el final. Más no se esperaba que su amigo también guardaba una sorpresa.

De repente Alicia se encontró con dos proposiciones de matrimonio: la de su mejor amigo y la de alguien que la admiraba en la sombra. Algo inusual para ella. Se llevó las manos a los labios, sin saber qué responder a aquello. No podía concebir que él estuviera dando el paso, pero ¿y el otro? ¿Qué demonios iba a hacer?

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