5ª CARTA DE AMOR

Ludwig Van Beethoven a una desconocida

Sin fecha, 6 de julio de mañana

¡Mi ángel, mi todo, mi yo! Sólo pocas palabras y con lápiz (con el tuyo). Sólo mañana sabré mi domicilio con certeza: ¡cuánto indigno desperdicio de tiempo en estas cosas! ¿Por qué esta profunda tristeza donde habla la necesidad? ¿Puede subsistir nuestro amor por otro medio que el sacrificio y la renuncia a todo? ¿Puedes cambiar tú esta situación en que no soy todo tuyo ni tú toda mía? ¡Ay, Dios, mira hacia la bella naturaleza y tranquiliza tu alma en cuanto a lo irremediable! - El amor lo exige todo y con razón; así lo siento frente a ti y tú frente a mí-. Sólo que olvidas fácilmente que yo debo vivir  tanto para mí como para tí. Si estuviéramos unidos por completo, este dolor no nos afligiría ni a ti ni a mí.
Mi viaje fue terrible. Llegué solo ayer a las cuatro de la madrugada. Porque escasearon los caballos, la diligencia escogió otra ruta, pero ¡qué espantoso camino! En la penúltima etapa me previnieron contra el viaje nocturno, me hicieron temer un bosque, pero justamente eso me tentó, y me equivoqué. ¡El coche tuvo que romperse en un camino tan horrible, de puro barro! Sin esos cuatro cocheros que tenía me hubiera quedado en medio destino en el camino usual, él con ocho caballos y yo con cuatro. Sin embargo, sentí cierto placer, como siempre que venzo felizmente alguna contrariedad.
¡Ahora, rápidamente, de las cosas exteriores a lo íntimo! Nos veremos pronto, seguramente. Hoy no puedo comunicarte las observaciones que hice en estos días sobre mi vida. Si nuestros corazones latiesen siempre el uno junto al otro, no las haría, por cierto. El pecho está lleno, deseoso de decirte mucho. Ay, en ciertos momentos siento como el idioma nada significa. Alégrate, permanece mi fiel y único tesoro, mi todo, como yo para ti. El resto han de decirlo los dioses: lo que debe y tiene que ser con nosotros.


Tu fiel Ludwig

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