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Cuando menos te lo esperas

Laura caminaba sumida en sus pensamientos, dirigiéndose al cementerio. Se trataba de la soleada mañana de un domingo, el cielo se encontraba completamente despejado, a pesar que aquella mañana despertaba llena de tristeza. Ya que esa misma mañana su gran amiga sería enterrada tras pasar unos días en los que no habían dejado tranquilo su cuerpo; ahora podría descansar en paz... Pero Laura no podría hacerlo.  Sentía nostalgia porque ya no volvería a verla más, porque ella confiaba en que su amiga se recuperaría, sin embargo no fue así. Todavía era incapaz de olvidar el momento en el que se la encontró: tirada en el sofá, el brazo le colgaba en el vacío, rozando con la yema de los dedos el frío suelo. Su piel morena, presentaba un claro aspecto de palidez. Sus ojos seguían abiertos, ya sin vida, sin poder expresar nada a través de ellos. Su iris se había congelado y ya no podían reflejar ninguna emoción contenida. Una lágrima rodó por su sonrosada mejilla, silenciosa, cayendo haci...

Melancolía...

Nadia creyó que no podría aguantarlo más y tomó la decisión más fácil: quitarse de en medio. Tenía un bote de pastillas sobre la mesilla de noche, se sentó sobre la cama y lo miró con melancolía. No podía tomar otra decisión, él ya no quería saber nada más de ella. La había dejado por otra, no se lo había dicho directamente, pero eso era algo que ella sabía perfectamente. No pudo evitar que la imagen de él regresara a su mente. Su cuerpo musculado, sus manos grandes que la sostuvieron tanto tiempo... Sus ojos grises tenían un extraño brillo aguado antes que se marchara, sin embargo, él retuvo las lágrimas para después marcharse, dejándola allí, sola en la habitación. No lo volvería a ver más, a pesar de sus deseos. Por eso tomó el frasco de pastillas y desenroscó la tapadera. Dejó caer, con suma lentitud,  varias pastillas en su mano derecha. Las observó con detenimiento. Dudó un sólo instante, dudó si tomárselas o, simplemente, dejarlas sobre la mesa y echarse a dormir... El p...