sábado, 21 de marzo de 2020

INFIERNO

INFIERNO

Capítulo 7


El móvil del jefe de la banda sonó en su bolsillo. El coche acababa de llegar y tenían que salir ya de allí. Él, con un gesto de cabeza y un simple “Vámonos”, avisó a sus colegas y tuvieron que irse.
Sin mirar hacia atrás. Dejó que todo se convirtiera en un sueño. Se maldijo a sí mismo por no saber controlarse. No podía creer cómo lo había olvidado y había dejado de quererle.

Trasladaron a María al hospital Ramón y Cajal. Alberto no quiso separarse de ella. Mientras tanto, Cristian se acercó al grupo de amigos, mientras veía a la ambulancia alejarse.
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      -Es curioso, te casas con otra para huir del amor de tu vida y éste te salva la vida –musitó al devolver la mirada hacia Alicia, que hipaba en el hombro de su marido. Esperó unos segundos, curioso por la reacción de la joven. No tardó en salir a la luz.
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     -Se acaba de casar, volverá con su mujer en cuanto sepa que la otra está bien ¡Por el amor de Dios, él ama a Clara! –Alicia le dedicó una mirada cargada de odio, Cristian optó por el silencio.
Sin embargo, otra respuesta le llegó en su lugar.
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      -¡Qué ilusa eres! Desde luego, no le conoces nada, porque no va a volver –Clara suspiró con cansancio, sólo quería irse de allí.

El grupo se giró hacia ella y vieron su lamentable estado, en ese momento no era la novia más bella del momento: el vestido estaba sucio, el peinado hecho un desastre y sus ojos ennegrecidos por el rímel. Alicia se acercó a ella, para consolarla.
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      -Por supuesto que te equivocas, Alberto vendrá, le salvó la vida, es normal que actúe así.
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      -¡Oh! ¡Quieres callarte! –Rubén no pudo evitar saltar y meterse en la conversación, muy enfadado, harto de la situación- Sí, María le ha salvado la vida, pero ella no es otra que su gran amor y eso nada va a cambiarlo-
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      -Tiene razón –Clara bajó la cara, mostrando cierto pesar.
-       Pero, su deber es contigo ¡Eres su esposa! –Alicia seguía empeñada en creer cualquier otra cosa, excepto que Alberto no regresaría. Necesitaba no tener excusas para hacer lo mismo.
-       No, Alicia, no soy la mujer de Alberto, todo esto –la novia señaló el gran salón, con pena- Es una farsa-
-       ¿Cómo? –la chica no podía creerlo.
-       Lo hizo por mis padres; mi padre tiene cáncer y su felicidad era verme casada con él –Los ojos de Clara se llenaron de lágrimas, amargas.

Aquella confesión provocó  una punzada de dolor en el pecho de Rubén, pues  se encontraba en la misma situación que su amiga Alicia. Y no podía gritarlo a los cuatro vientos, por mucho que quisiera.

Alberto paseaba de un lado a otro de la sala de espera del hospital. Su aspecto no era mucho mejor que el  de la novia; tenía la camisa fuera del pantalón y la chaqueta estaba rota, manchadas de sangre. Aunque eso le daba igual, no podía dejar de mover las manos en el bolsillo, las sacaba, se acariciaba el mentón, se las volvía a meter dentro. Mirando la puerta por donde los médicos tenían que salir, esperando ver al que atendía a María.

“Aguanta, por favor, no te vayas”.

María, en el quirófano, aguantaba, a la vez que los cirujanos trabajaban por salvarle la vida.

Al final, Alberto se sentó, apoyándose sobre las rodillas. De repente, empezó a llorar, sin consuelo. Todavía no podía creerse lo que estaba viviendo. Si tan solo pudiera volver atrás… Se arrepintió de haber continuado con aquella farsa de matrimonio ¿Cuándo iba a dejar de pensar en los demás?
Los minutos le parecían horas y al chico se le antojó que la aguja de los segundos se retrasaba más. La espera lo estaba matando. Veía a las enfermeras pasar, algún que otro médico, de vez en cuando. Sin embargo, ninguno se acercaba a él para informarle. Y el miedo crecía cada vez más.

Un par de horas después, un cirujano salió al fin, todavía quitándose la mascarilla y el gorro de papel.
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      -¡Familia de María Linares!

Alberto se levantó como un resorte, siguiendo el sonido de aquella voz y acercándose al médico.
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     -Soy su marido –Mintió, entrelazando los dedos, y continuó- ¿Cómo está? por favor, dígamelo ya, doctor –Alberto le agarró por los brazos, desesperado, el médico le paró y le sujetó los brazos con firmeza.

El médico tardó unos segundos en responder, ya que hasta que no se tranquilizara no quería informarle. Cuando lo vio mejor, fue cuando habló:

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     -La operación no ha sido fácil, pero está estable –Lo más importante ya estaba dicho: viviría, ahora iría lo demás- Voy a dejarla en la UCI durante 72 horas, porque ha perdido mucha sangre y necesito ver que las transfusiones que le hemos hecho no intoxican el cuerpo y sus heridas internas sanan-
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     -Entonces ¿son buenas noticias, no? –las lágrimas del joven se podían interpretar ahora de alegría.
-       Aunque me preocupa cómo va a reaccionar su cerebro tras la operación.

El corazón de Alberto se detuvo. No quería que ella tuviera secuelas, por su culpa. Por no haber reaccionado a tiempo ¿Cómo no se dio cuenta de lo que ella pretendía hacer? Tenía que salir todo bien, al menos la culpa sería menor...

Continuará...

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"Porque prefiero irme yo antes que ellos.  Para no sufrir el dolor de su ausencia.  Vivir sin ellos me parece inviable".  ...

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