Sushi

La joven no creía lo que le estaba pasando: se había enamorado de su jefe. Y aquello no era lo peor, pues él ya tenía pareja, estaba comprometido y era cuestión de un par de meses que se iba a casar con ella. Por eso, Licy trataba de ocultarlo, porque sabía que aquel tonto amor no llevaría a ninguna parte.

Procuraba no coincidir con él, ni siquiera en los viajes de ida y vuelta hacia el trabajo. Ella cogía su coche y se iba sola, al ritmo de su música. Aun así, la puerta de entrada a su trabajo, se había convertido en su punto de encuentro.

"No puedo decirte lo que siento", pensaba ella cada vez que le miraba a los ojos.

Su jefe se llamaba Hugo y no tenía ni la más remota idea acerca de los sentimientos de su joven compañera.

- Pero ¿en serio no viste la película?

"¿Qué película?" le hubiera gustado preguntar a la joven, sino fuera porque tendría que confesar que andaba perdida en sus hermosos ojos castaños. En aquel momento buscó una excusa rápida, más que nada para que él siguiera hablando, mientras caminaban hacia el trabajo.

Jamás llegó confesarle nada, algo de lo que semanas más tarde llegaría a arrepentirse.

Ocurrió un martes. 

Un día cualquiera en el que, casualmente, ambos habían escogido el transporte público.  Donde se volvieron a encontrar y decidieron ir juntos. Tenían una hora por delante hasta llegar al centro de trabajo, por lo que hablaron de todo... Hasta que el destino cambió sus vidas en un único instante.

Ya fuera del metro, cuando se disponían a cruzar la calle para atravesar el parque que les conducía a su trabajo, ella no miró, caminaba embelesada, sin centrarse en que el semáforo aun no estaba en verde para los peatones. Sino hubiera sido por él... Para cuando Licy se dio cuenta, se encontraba tirada en mitad de la calzada, apoyándose sobre sus manos, heridas. Miró a su alrededor, al escuchar demasiado bullicio, buscando también a su compañero de trabajo.

Le vio. 

Sobre el capó del coche, con el rostro cubierto de sangre e inconsciente.

Como pudo se levantó y corrió hacia él. Intentaba tocarle, pero el temor se apoderaba de ella, provocando que las lágrimas emergieran de su rostro. Una vez que tuvo el valor de rozarle la mejilla que quedaba al descubierto, lloró desconsolada.

- Hugo, por favor, resiste, no te me vayas, tú no, por favor...- Fueron las únicas palabras que surgieron de sus labios.

Licy ni siquiera se dio cuenta si necesitaba llamar a la ambulancia, menos mal que una de las almas caritativas que se habían parado a socorrer a los heridos. No podía pensar en otra cosa que no fuera preocuparse por su vida, procurando no moverle y sin dejar de tocarle, sin apartar la mirada ni un sólo minuto. Descubriendo así como él le devolvía la mirada empapada en sangre.


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