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Mostrando entradas de agosto, 2014

Escápate un ratito del cielo

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Un viernes 18 de julio a la 1 de la madrugada te me fuíste.
Todavía recuerdo el último beso que te di cuando vivías, fue en tu mano, aquella que tantos cortes había sufrido  cuando trabajabas en el restaurante como cocinero. Quién me iba a decir a mí que, esa tarde, en la que mi corazón se encogió como si supiera lo que acontecería, te marcharías para siempre. 
Fue duro velarte y llegar a comprender que ya no volverías a mi lado. Sé que es egoísta desearte vivo, porque tu enfermedad estaba acabando contigo y ya no eras el de siempre. Aun así no puedo evitar recordarte en los últimos meses, cuando estabas en casa y me pedías que te diera de comer o simplemente se escuchaba el suave murmullo de la televisión que tenías en tu habitación. Porque ya no dormías con mamá, no podías.

Ya ha pasado un mes desde que te marchaste. Y todavía duele. A pesar que poco a poco voy superando tu pérdida, hay momentos en los que me vengo abajo, porque te echo mucho de menos.

Ahora me ha dado por leer historia…