TREINTAÑERA

Vaya si hace un año que llegué a los treinta y ya se fueron. 31 es la nueva cifra y me pregunto ¿Qué haré?

Recuerdo que me daba miedo entrar en esta etapa, porque me veía demasiado mayor, aunque ahora dicen que los 30 son los nuevos 20, ¿no? 

Con los treinta aprendí que la vida son dos días, que quien bien te quiere no te hará llorar. También que las cosas pasan por algo y todo llega a su debido momento.

Aprendí que hay amistades tóxicas y a alejarme de ellas. A quererme mucho más y valorar mis virtudes y mis logros.

Empecé a visualizar mis metas, mis objetivos, para ser más feliz. A no irme por las ramas y quedarme estancada, diciendo que quiero hacerlo y no puedo.  Buscando la manera que sea posible.

He aprendido que yo no soy mi circunstancia, simplemente la cruzo para llegar al fin.

Estoy muy orgullosa de esta etapa que comencé un año atrás. El tiempo vuela cuando se disfruta (y cuando no, también).

Sé que se puede ser niño y también, cuando corresponde, se debe ser adulto. Los dos pueden convivir y ayudarse mutuamente. La vida es un camino con bastantes obstáculos y, según qué decisiones, te llevan por un rumbo u otro.

Miro hacia atrás y veo con orgullo todo lo que he vivido. Recuerdo que con mi edad mi madre ya tenía dos hijas.

Es una edad perfecta, a pesar que antes creía que era los 20, pero los treinta conllevan enseñanzas y, ello, a sobrellevar mejor las cosas.

No me siento tan mayor. Cada vez que recuerdo la edad que tengo, me miro en el espejo, extrañada "¿En serio?", me pregunto. 

Ahora, sé lo que quiero en la vida, sé lo cuáles son mis metas y, aunque me queda mucho por aprender, estoy preparada para enfrentarme a cualquier cosa y aplicar lo aprendido.

Vamos a ver qué nos depara la nueva cifra.

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