Los Sueños

Anoche tuve un sueño, era uno de esos que cuando despiertas, tienes ganas de saber qué ocurre. Parecía una novela romántica con pequeños toques de acción. Él era el protagonista y me buscaba constantemente. A mí me perseguían porque querían sacarme información, aunque mi sueño no lo desvelaba. Yo no hacía más que correr, agotando mis fuerzas, mirando de cuando en cuando hacia atrás. Sin entretenerme, giré por una callejuela, no sabía a dónde me dirigía, pero vi la reja de una casa abierta. Tenía que esconderme. Recé porque el dueño de aquella hermosa casita, no me descubriera, porque no sabía ni qué le podría decir. Me oculté entre unas macetas, llenas de flores de color rosa, agazapada, agarrándome al macetero, temblando. Miraba entre las hojas, esperando a verles pasar, más no veía nada, con lo que llegué a ilusionarme con haberlos perdido de vista. Concentrada como estaba, me asusté cuando una mano me agarró el hombro. No me atreví a girarme, ya imaginaba que  me habían descubierto y no quería que me vieran la cara de derrota. Sin embargo, él me obligó a girarme y a mirarle directamente a sus verdes ojos. No me habían alcanzado, supe que aquella hermosa casita era suya, de mi amor, y que él me protegería de mis agresores...

El despertador sonó a las 6:15 de la mañana. Quise dormir otra vez, pero ya me había desvelado y no pude volver al mundo de los sueños. Así que me levanté de la cama, intentando recordar cada detalle. Me había encantado, sencillo y me había hecho tener una bonita sensación en mi corazón. Gracias a este sueño, fui a trabajar con una sonrisa en mi cara, deseando volver a dormir para reencontrame con esos ojos preciosos del color de la esmeralda.

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