Comienza la cuenta atrás...

Quizás no estamos preparados cuando llegamos a una edad tan redonda como los 30. Al menos a mí me ha pasado, aun recuerdo cuando era una niña que soñaba con tener 25 años y jugaba a ser mayor.

Echo un vistazo hacia atrás y miro orgullosa el camino recorrido y aunque parece que ha sido fácil y sencillo. Un camino en el que he aprendido muchas cosas, entre ellas a vivir, a superar pérdidas y afrontar las situaciones difíciles. He cambiado, me he dado cuenta de los comentarios y de las acciones que se hace en plena juventud, cuando estamos en plena evolución de madurez.

He tenido que tocar fondo, para darme cuenta de la situación. Y ahora soy tan feliz que me da miedo. He aprendido que todo en esta vida tiene solución. He aprendido que hay que ver el lado bueno de las cosas. Y que cuánto más das, recibes la misma cantidad, tarde o temprano siempre llega.

Sé distinguir mis defectos y trato de pulirlos cada vez. Aunque todavía tengo caídas, pero es algo que me permito de vez en cuando, porque no siempre vas a ser fuerte ¿no?

Miro hacia atrás y veo un largo camino recorrido, un camino en el que me he caído, me he levantado, me he curado las heridas superficiales, otras más profundas... En este instante me siento muy emocionada, las lágrimas se precipitan a mis ojos, pero éstos parpadean para evitar derramarlas. Y no sé por qué estoy tan compungida. Quizás porque recuerdo grandes momentos vividos y me encantaría detener el tiempo y revivirlos eternamente, pero supongo que suele pasar, nos aferramos a las grandes escenas de nuestra vida y queremos disfrutarlas.

Cumplo 30 años, pero no me siento tan mayor. Mi mente, mi espíritu, son jóvenes y siguen soñando con fantasías convertidas en realidad.

Faltan alrededor de 40 días para esta gran fecha. No siento pena por salir de la veintena, al menos procuro no pensarlo, porque estoy más sensible y enseguida siento apego por las cosas o circunstancias. Creo que según se acerque la fecha, conociéndome, los nervios irán en aumento y, puede, que la ansiedad.

Gracias a Dios llevo casi 30 años de vida, sumando momentos, viviendo experiencias nuevas, recopilando instantes. Y aunque los dos últimos años me quedé huérfana de padre, aprendí a soportar la ausencia de un padre y a tomar decisiones importantes de mi vida, pensando en qué sería lo más correcto... O no.

Sin más, un saludo,

Alezeia.

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