Pasos de Cero



Empezar de cero.
No sé cuántas veces habré dicho esta frase, sobre todo a final del 2015. No me parecía muy complicado volver a empezar: cogí tres semanas sabáticas en el trabajo, me marché una semana a Málaga y dejé la mente en blanco. Sin preocupaciones.

¿Suena bien, verdad?

Casi lo conseguí. Regresé a mi trabajo con la mente despejada y construyendo un muro alrededor de mi corazón, para evitar las envidias, los malos rollos, las temidas preocupaciones... Creí que ya no tendría que hacer nada más. Pensé que había educado a mi mente y le había doblegado a sucumbir a los pensamientos positivos.

Me equivocaba.

Mi crítico malvado seguía ahí. Susurrándome por las noches, para grabar en mis pensamientos aquello que tanto temo.
Poco a poco, y casi sin darme cuenta, he vuelto a ser la de antes. La de antes de irse de vacaciones y miraba con el rabillo del ojo de la autocrítica y autocompasión. No me daba cuenta, pero me estaba agotando mentalmente hasta el punto de no poder más y, sí, volverme a derrumbar.

Por eso  sé que para mantenerme positiva he de seguir construyendo día a día, apartar los malos momentos, las preocupaciones, porque si hay algo que siempre tendré en cuenta es que: todo, absolutamente todo tiene solución. Se suele decir que excepto la muerte, más mi padre me ha enseñado que hasta ésta se puede retrasar.

Día a día debo ser fuerte, ya que ese crítico va a seguir ahí, persiguiéndome para conseguir su maléfico plan. Tengo que enseñarle y dedicarle un momento del día a esos pensamientos con los que me atormenta, para luego seguir con mi vida y mis actividades.

Porque he tenido momentos peores. Y aquí sigo, saliendo adelante. Superando la soledad de las malas compañías, de la pérdida. Aprendiendo de aquéllos que siguen en mi vida y están ahí, sólo para mí. Y es que, imagino que vosotros también lo tendréis, pero yo tengo un amigo el cual me encanta estar con él. Siempre. Tiene una actitud muy positiva, una fortaleza increíble, ante cualquier problema -jamás- le he visto caer. Quizás cuando está sólo, pero siempre ha sacado fuerzas y ha mirado hacia delante. Al mal tiempo, buena cara.

Y eso es algo que admiro de él. Porque cuando a mí me agobia algo, veo cosas que me llevan a calentarme la cabeza, enseguida me entra "el nervio" y siento que no puedo más. Me derrumbo y me vuelvo super negativa.
Me da mucho coraje y rabia volverme así. Cuando sé que puedo con todo lo que venga. Quiero convencerme que es porque estoy algo sensible, lo único que llevo un año sensible, me apetece no ser tan vulnerable, ciertamente.

Por eso esta entrada. Porque HOY le he prometido a la Alezeia del futuro que esto va a terminar. Le he dicho que todo sucede por algo y de los errores se aprende. Le pedí que disfrute de la vida y no se atormente porque ésta es única y no tenemos más oportunidades. También le dije que va a haber muchas veces que caiga y llore, que haga mal las cosas y no lo consiga, pero que la base del éxito es la perseverancia, la constancia y la paciencia.

Sé que me hará caso. Porque hoy lo estoy cumpliendo y mi mente se encuentra mejor que ayer. En este caso (bueno y en los anteriores también) tuve ayuda, de ese mismo amigo -al que envidio- y ha transformado el mal tiempo que brotaba en mi interior, en un lugar lleno de luz y armonía, que debo mantener, que en la balanza pese más, que la oscuridad.

Y con esto me despido por hoy.

Volveré

¿Cuándo? Francamente, no lo sé, imagino que cuando tenga algo que contar. Pero podéis verme en mi canal de youtube (que dejo aquí mismo; Canal de Alezeia)

Besos.

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