ESTOY BIEN

Ya se acabaron las fiestas. Empiezan las rebajas y la temida “cuesta de Enero”, hay que reponerse de los gastos de más que se han hecho por Navidad. Todo vuelve a la normalidad.

Me gustan las fiestas navideñas, aunque desde hace un año y varios meses, son diferentes. Porque hay un hueco vacío en la mesa. Sin embargo, este 2º año de navidad ha sido mejor y todo gracias a que he procurado disfrutar de cada momento y vivir cada instante.

Nada más coger vacaciones, fui a Málaga, a descansar y curar mi mente. Porque para mí el 2015 ha sido un año de descubrimientos y daños emocionales. Me dejé de lado, para centrarme en otras personas y hacerlas felices. Dejé de escribir -lo siento, pero no me veía en condiciones-. Cuando leía algo, me decía: “Vaya porquería ¡siempre escribes igual!”.

Antes no lo hacía. Simplemente me ponía a aprender: leía, leía, leía. Y escribía. Me daba igual la temática, el caso era escribir.

Falleció mi padre y no fui capaz. Sé que, quizás, soy muy pesada con ese tema. Sin embargo, es algo que, poco a poco, estoy aprendiendo a convivir con ello, Cuesta hacerse a la idea que ya no está.

Pero este lo voy a conseguir, 2016 es un buen número para creer en él. De modo que me he propuesto retos nuevos, metas que quiero seguir. A lo mejor llega de nuevo fin de año y no he cumplido ni la mitad. Aun así, me gusta pensar que cada día, cuando abro los ojos, tengo algo que hacer.

Para este año nuevo quiero aprender varias cosas: a poder decir “NO” cuando a mí me convenga. Subir esa autoestima, consiguiendo así valorarme más y quererme más. Porque nadie es perfecto y tengo que dejar de auto criticarme. Dejar de rallarme la cabeza, ya que no lleva a nada bueno. Volver a escribir y ser constante. Leer esos libros que tengo pendientes en la estantería.

Pueden parecer retos fáciles.  Para mí son complicados porque cuesta cambiar el chip, como quiero hacer yo ahora.

Al igual que cuesta incorporarse al trabajo después de tres semanas de vacaciones. Y es que me he relajado tanto. He disfrutado, no hice nada fuera de lo común, simplemente estuve en familia y me dispuse a ver películas junto a mi madre. Ese gran apoyo para mí.

A finales del año pasado tuve momentos no muy buenos para mí. Se sucedieron una serie de escenas que me hicieron daño y no veía que pudiera superar. La muerte de mi padre fue un duro golpe para mí, no me imaginaba que pudiera llegar a pasarlo tan mal, cuando para mí, mi pilar siempre fue mi madre.  Saber que se moría era algo irracional para mí, si no lo veía con mis propios ojos, sino veía que no había solución a ese problema que se llevaba su vida,… No lo creía.

Siempre me pasa.

 Ver cómo le perdí, como mi madre y yo nos veíamos solas, tirando de la casa para delante, sin él. Sin sus consejos, ni su temple para decidir las cosas según pasen. De repente me vi con una responsabilidad enorme y me vi obligada a prometer que cuidaría de mi madre siempre, que no tuviera que preocuparse de las cosas, ni de la economía.

Me cargué con todo el peso, para querer aliviar a mi madre y que no sufriera más. Sin darme cuenta que eso me perjudicaba.

Y de pronto, cuando ya conocía a un angelito que me ayudaba a sonreír diariamente, apareció otro angelito que me ayudó a superar esa ausencia. Le di un papel muy importante en mi vida: como si fuera mi hermano gemelo. Pero mucha gente creyó que era algo más. No es justo, pensé. Pues nadie pensaba, ni siquiera llegaba a imaginar lo que había supuesto tenerlo todo el cariño y perderlo por culpa de la enfermedad. Nadie me entendía. Y yo me angustiaba cada vez más, hasta tal punto que me daban ataques de ansiedad.

 Por eso necesitaba salir, irme de Madrid por unos días y estar conmigo misma. Reencontrarme con mi antiguo yo. Dejar de depender de esos ángeles que mi padre me mandó para ayudarme a superar su ausencia.  Porque ellos no me aportan felicidad siempre, sino durante un ínfimo instante. La felicidad completa sólo me la puedo procurar yo, haciendo las cosas que me gustan, estando con las personas amadas.

Esa desconexión me vino muy bien. Es cierto que hubo ratos en los que me acordaba de gente que dejé aquí y quise contactar con ellos. Precisamente por eso, porque no es justo desaparecer del todo para curarme a mí misma. Sería muy egoísta para con los demás, que han estado en los momentos importantes.

Muchas veces pensamos cosas que no son y nos centramos en las cosas malas que los demás hacen. Cambiar ese pensamiento es difícil, pero estas tres semanas han tenido resultados considerables para mi curación. 

Ya que hoy puedo decir que no me importa.

No pasa nada lo que hagan los demás, ni siquiera lo que digan. Me importa lo que le suceda a mi madre y a mí, nada más. Cada quién está obligado a hacer su vida, como yo he de seguir con la mía. 

Las personas se cruzan en sus caminos, porque están destinadas a añadir un poquito de ellas a otras. En mi caso, gracias a esos dos ángeles, soporté mejor una pérdida que creía irremplazable –y que lo es-, también me ayudaron a decidirme de una vez por todas y querer superarme más.

Ahora ya no son mis ángeles. Uno de ellos desapareció de mi vida, porque terminó su cometido. El otro aún sigue ahí, pero de forma diferente, como un simple amigo, con el que me veo en ocasiones y hablo por teléfono. Guardo sus consejos y, de vez en cuando, los vuelvo a escuchar en mi mente. Al igual que los consejos de ése al que yo me refería como Conciencia, he tomado apuntes de ellos y los recuerdo cuando los necesito. Pero su papel terminó.

Ya no más.


El telón ha bajado para cambiar de escena y ver una mucho mejor ¿Lo conseguiré? Yo creo que sí, no voy a ser negativa para nada. Sé que es difícil y ya cuento con ello, este ha sido el primer paso: sentarme frente al ordenador, con todo tipo de distracciones y escribir. Abrir mi corazón y contaros mi experiencia. Sinceramente os lo recomiendo, escribir aquello que te atormenta, por lo que te sientes mal, pues al finalizar el escrito sientes una liberación tal que se asemeja a una losa que te quitas de encima.

Dentro de un año volveré a hablaros y podremos ver los cambios que ha tenido mi vida y cómo he ido mejorando, seguro que mejoraré.

Hasta pronto.

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