Relato basado en la serie "La Fuga"


Él no tenía la menor idea que volverían a encontrarse. De haberlo sabido hubiera hecho hasta lo imposible por evitar aquel encuentro, o quizás no. Pues cuando la vio bajar del helicóptero, con las manos en la espalda, no supo cómo reaccionar. Se quedó paralizado, el tiempo pareció detenerse y el mundo a su alrededor murió en aquel instante.
Era la primera vez que la veía tras siete largos años de separación y su mirada no era la misma. Tenía la vista perdida, se dejaba hacer por los guardias, con el pelo revuelto –aquel brillante pelo que había lucido largo y espléndido sobre la espalda tiempo antes- ahora lo tenía más corto.
Los guardias se habían detenido frente a él, esperando órdenes –para eso él era el Capitán de aquella aislada prisión- y, con el semblante serio, fingió no conocerla.
  • ¡Llevadla abajo! ¡A la habitación de seguridad! ¡YA! –Gritó Reverte, elevando la voz por encima del ruido del helicóptero.
Así lo hicieron. La condujeron abajo mientras él se mantenía allí, contemplando como el helicóptero retomaba el vuelo y se alejaba de la torre. El ruido de las aspas fue haciéndose cada vez menor a la par que se apartaba de allí.
Nadie que tuviera dos dedos de frente querría ir a La Torre, ni como preso, ni como policía, era una prisión de seguridad máxima en medio del océano Atlántico dedicada a los presos más peligrosos, los que tenían muchas más condenas a sus espaldas. En cuanto a los policías, si allí los habían destinado, significaba que algo habían hecho como ser corrupto; un simple fallo en sus brillantes carreras daba paso a un destino bastante nefasto para ellos. Sin embargo, había personas infiltradas entre el personal interno de la prisión. Como la psicóloga, Alicia Bernabé, que pertenecía al grupo de resistencia en contra de las malas funciones del Gobierno político.
La Resistencia tenía algunos presos encerrados en aquella prisión, por delitos como presentar sus ideas ante la ciudadanía; el Gobierno estaba infestado de corrupción y avaricia de poder, implantando un régimen severo que abolía la libertad de expresión. El objetivo de la Resistencia era sacar a sus presos políticos y acabar con aquel régimen autoritario, para restaurar la República.
Reverte sonrió con ironía, mientras giraba sobre sus pies para volver al interior de la Torre. Más tarde bajaría a ver a la nueva reclusa; el informe psicológico decía que la joven había sido peligrosa, que su locura estaba redimiendo, era tranquila, no buscaba alboroto y el manicomio no era lugar para ella. También decía que ella era una de las fundadoras de La Resistencia. Por eso la trasladaban a la peor prisión que podía existir.
Los policías bajaron a la reclusa al patio, junto a las demás presas. Aunque la orden de su capitán había sido otra, era hora del recreo y pensaron que debía presentarse a sus nuevas compañeras, también lo hicieron para crear polémica, obviamente. Ellas la miraban, sabiendo ya quién era, con la cara contagiada por la sorpresa y, en algunas de ellas, la burla.
La nueva reclusa se llamaba Ronda, para su sorpresa no las miraba en absoluto, continuaba con el brillo de locura en sus ojos, mirando hacia el frente, pero con las pupilas vacías. Sabía perfectamente que era el centro de atención y sería conocida ante algunas de las presas, estaba loca, pero no era tonta. Vio como una de ellas se acercaba hacia ella, continuó metida en su papel, enfocando su mirada en otra parte. Sabía quién era la que caminaba hacia ella, formaba parte de aquel grupo activista tan famoso. La mujer llevaba un lado de la cabeza rapada y el otro lado recogido en una trenza.
  • ¡Eh, tú! ¡La nueva! -gritó la reclusa.
Ronda no contestó.
  • ¿No sabes hablar? –insistió la presa, mientras el resto de mujeres se agrupaban a su alrededor- ¿HO-LA?-


Ronda le dedicó una mirada vacía, pero continuó sin decir ni una palabra, poniendo los nervios a flor de piel de su interlocutora. Antes que pudiera amenazarla, la psicóloga, Alicia, se abrió paso junto a un par de guardias.


  • ¿Haciendo amigas? –dijo Alicia con tono irónico.
  • Ya sabes que me encanta…
  • Ronda, vamos, tenemos sesión –Alicia hizo caso omiso al comentario anterior de la presa y tomó el brazo de la recién llegada. 
    - Vaya, a ella ¿la vienes a buscar? ¡Qué chollazo! –insistió la otra con cierta envidia.
  • Cállate, Ainhoa, por favor, nuestra nueva invitada es… Especial...
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Muy buenas, espero que os haya gustado este nuevo relato que os presento. Sé que hace mucho que no actualizo el blog, pero no estuve pasando por una buena etapa personal. Además que llevo varios días buscando algo con lo que poder deleitaros. Esta versión lleva mucho tiempo rondando mi mente, he decidido ponerme  con ella y seguir escribiéndola.
 
 Ciertamente es la primera vez en mucho tiempo que me decido a escribir, desde hace más de medio año. No tenía ánimos y no me sentía capaz de enfrentarme al papel y mostrar una historia. SIn embargo, hoy sí, desde esta semana tengo fuerzas y ganas de volver a coger el lápiz, cerrar los ojos, dejándome llevar por la imaginación.
 
Sin más, me despido, besos y sed felices.
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