¿Qué se hace para no sentir dolor?



¿Qué se hace cuando se va la inspiración de golpe? Cuando intentas escribir, pero no sale nada, porque simplemente estás triste y no te apetece nada.

Y así días y días. Hasta que esos días se convierten en meses y termino por no escribir nada.

La ausencia de mi padre, vivir en la que fue su casa,... Es duro. Por eso mi mente busca anclarse en la rutina del trabajo o hacer cualquier cosa que implique concentración y sea fuera de mi casa.
Para olvidar la realidad.

No sabéis qué terrible es sentir el dolor en el corazón, y que ni siquiera una infusión de valeriana lo alivie.

Y eso me sucede cada fin de semana. Cuando estoy sola, con mi madre, los pensamientos tristes acuden a mi mente para no marcharse. Buscas ayuda, buscas consuelo, pero entiendes que la gente que te rodea tiene su vida y no puede atenderte las 24 horas del día. Ojalá.

Por eso ayer decidí no preocuparles más. Porque, a pesar que ellos me dedican palabras de aliento y de ánimo, son sólo palabras. Las guardo en el rincón de los recuerdos y ahí quedan. Sólo son letras que llegan a perder su significado, porque lo que necesitas en ese momento es presencial: como un abrazo, un gesto de cariño, de apoyo incondicional.

Eso nadie te lo puede dar.

Así que hoy -que me levanté más animada-, me visitó en sueños y eso me ha dado más fuerza para volver a la creatividad. Ya que no puedo depender de nadie, tengo que afrontar mi dolor yo sola y aprender a convivir con él. No puedo usar a las personas para aliviar el dolor de mi corazón.

Ya han pasado nueve meses desde que falleciera... Y me siento vacía, sola sin él.

Hay momentos en los que logro olvidar que ya no está, sobre todo porque, justo en esos instantes, no estoy en casa. Sin embargo, tengo que adaptarme a esta soledad y volver a ser la que era. Buscar mi otro yo, aquel que se divertía, que trabajaba manualidades, que veía las series encerrada en la habitación, bailaba y jugaba con mi niña interior.

Ese yo que desapareció aquel 18 de julio de 2014, con él... De modo que voy a intentar salir de esta depresión que me oscurece el corazón cada dos por tres. No prometo que no vuelva a recaer, porque lo haré, porque es difícil no hacerlo. Aun así, voy a volcarme en escribir, en poner en marcha mi imaginación y no parar. Procuraré evitar los malos pensamientos y quererme mucho más. Primero yo y luego los demás.

Para que él, desde el cielo, se sienta orgulloso de mí.

Te quiero, papá.

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