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Mostrando entradas de noviembre, 2014

Venganza

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Eran tres: Iván, Noelia y Susana. Ninguno sabía que iban a morir, aunque uno de ellos tendría suerte y tendría la opción de salvarse. Obviamente de haber sabido lo que ocurriría al final de aquella mañana, habrían evitado ir al trabajo. Pero no. Iván y Susana solían quedar para llegar juntos al trabajo, así el viaje resultaba más ameno. Juntos, atravesaban la ciudad madrileña, hasta llegar al viejo barrio de Canillejas. Noelia se les unía después, para desayunar. Aquella fría mañana de noviembre todo transcurrió como debía ser habitual. Los chicos trabajaban en un call center, emitiendo llamadas de una importante operadora de telefonía. Las horas se sucedían lentas, una tras otra, como si de una pesada losa se tratara y Susana ya no podía más. Tan sólo eran las 10:30 de la mañana y ya la habían cambiado unas diez  veces, entre la emisión de una campaña y la recepción de otra. La joven tiró los cascos sobre la mesa y se levantó, corrió hacia el baño, con los ojos bañados por las lágrimas. …

Abriendo el corazón...

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¡Muy buenas queridos míos! Hace mucho que no me prodigo por aquí con una reflexión. Y hoy vengo con muchas ganas.
Los que me leéis sabéis lo que ha sucedido en mi vida: la pérdida del mi ser querido, de mi padre del alma. No ha sido fácil, pues aún sigo en el camino del duelo, aprendiendo a vivir con su ausencia, a echarlo de menos todos los días… Sin embargo ¿sabéis una cosa? Estos tres meses tras su pérdida se han hecho muy amenos. Aunque no lo creáis.
¿Y queréis saber por qué?
Porque me he sentido muy arropada, algo que no creía que fuera posible, pero es cierto. Mucha gente me ha apoyado en estos duros momentos –sobra decir que mi familia siempre ha estado ahí-, por eso me ha sorprendido tantísimo que, gente de fuera de mi entorno personal y más próximo, se haya acercado a mí y me haya protegido con su manto de cariño y sonrisas.
Sois muchos. Disculpadme que hoy sólo me refiera a dos personas.
Marian


Hace mucho que, de vista, te conocí. He de confesar que me precipité y no creí que fue…