Escápate un ratito del cielo

Un viernes 18 de julio a la 1 de la madrugada te me fuíste.
Te quiero, papá

Todavía recuerdo el último beso que te di cuando vivías, fue en tu mano, aquella que tantos cortes había sufrido  cuando trabajabas en el restaurante como cocinero. Quién me iba a decir a mí que, esa tarde, en la que mi corazón se encogió como si supiera lo que acontecería, te marcharías para siempre. 

Fue duro velarte y llegar a comprender que ya no volverías a mi lado. Sé que es egoísta desearte vivo, porque tu enfermedad estaba acabando contigo y ya no eras el de siempre. Aun así no puedo evitar recordarte en los últimos meses, cuando estabas en casa y me pedías que te diera de comer o simplemente se escuchaba el suave murmullo de la televisión que tenías en tu habitación. Porque ya no dormías con mamá, no podías.

Ya ha pasado un mes desde que te marchaste. Y todavía duele. A pesar que poco a poco voy superando tu pérdida, hay momentos en los que me vengo abajo, porque te echo mucho de menos.

Ahora me ha dado por leer historias sobre el más allá por mera curiosidad, sin embargo, al leerlas siento angustia y mi cabeza no me deja dormir. Aun así, me gusta saber que estás bien allí dónde estás, que eres feliz.

Ayer fui a verte al cementerio. Leía tu nombre en la lápida y todavía me costaba creerlo. Se veía precioso escrito sobre el grisáceo mármol.

Manuel Moreno Aguilar.

Y debajo aquella frase que entre las tres hermanas decidimos escribir: "Vivirás siempre en nuestros corazones. Tu esposa, hijas, nietos y familia no te olvidan. D.E.P."

La frase se ha cumplido. Porque vives en mi corazón desde que tu alma ascendió al cielo.

Aunque pasé junto a ti los últimos meses de tu vida, en los que te cuidé y velé por ti. Siento que no hice lo suficiente y que podía haber hecho mucho más. Sobre todo cuando ingresaste por última vez en el hospital. Pasé demasiado tiempo en casa, cuando debería haber estado más tiempo allí, a tu lado. Menos mal que fui a verte la última tarde, a pesar que eran las 21:00 de la noche, mi corazón me impedía dejarlo estar y no acudir a nuestra última cita. Pues tú me estabas esperando, porque horas después diste tu último aliento.

Y no puedo parar de recordarlo.

No puedo evitar preguntarme constantemente "¿Sufriste?" Porque a ti no te gustaba que te sedaran, te daba miedo. He mirado en internet el término "sedación", porque se me ha metido en la cabeza que eso te mataba más. Pero esta medicación sólo te durmió e impedía que sintiera más dolor...

Cuando estoy sola, sobre todo por la noche, es cuando todos los recuerdos y pensamientos me vienen a la mente. Y ya no tengo miedo sino tristeza, porque comprendo que no estás y que no volverás. 

Siento si me repito mucho, pero estoy en esa etapa de incredulidad. Sé que con el paso del tiempo lo llevaré mejor, aunque me cuentan que contra más pase el tiempo, más lo echaré de menos.



Era mi padre. Y era el mejor padre del mundo, sé que tenía sus defectos, pero -casualidades de la vida- se han ocultado en mi mente y se niegan a salir.

Esta entrada es diferente, se trata de un reflejo, un pequeño homenaje a mi padre. Necesitaba contar mi verdad a alguien y ¿a quién mejor que a vosotr@s? 

Besos, Alezeia 


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