Río Abajo


-RÍO ABAJO-



Había decidido salir fuera, aprovechando los cinco días de puente, en los que -por supuesto- no tenía que ir a trabajar. Necesitaba salir y despejar mi mente, antes que pudiera cometer alguna locura, de esas que luego una se arrepiente.

 Por eso, una vez llegué a casa, me dispuse a prepararlo todo, quería irme yo sola, para pensar, para aclarar mis ideas. Miré en internet, ya que en un primer momento pensé irme a una casita rural, alejada en algún pueblo menos conocido. Sin embargo, cuando vi una oferta relacionada con aquella excursión en el río, no pude negarme ¡Aquello era diferente! Me ayudaría muchísimo a olvidar... Tendría que estar pendiente de navegar, de no caerme al agua, de llegar al final de aquel trayecto; sin pensar en nada más.

Decidí que viajaría un miércoles por la mañana, cuando tomé la decisión de olvidarme de él. Pasaron dos días, dos días en los que me concentré en seguir mi rutina diaria tanto en el trabajo como en casa. Procuraba no pensar en nada, mantener la mente ocupada. Sacaba mis útiles diarios, pensando únicamente en vender y en nada más.
Aunque en casa es más difícil, por eso mi casa está más que reluciente, porque cuando limpio, mi cabeza está concentrada en sacar brillo a los muebles... Así pasó el tiempo, sin que me diera apenas cuenta, y pronto llegó el día.

"... La lluvía caía torrencialmente y yo me encontraba en el pequeño campamento que habíamos creado un grupo de excursionistas y una servidora. Sin embargo, estaba sola, no había ni rastro de mis compañeros de viaje. Oculta, bajo un chubasquero y mi tienda de campaña, rezaba a quien quiera que tuviese más poder que yo para que aquello cesara de una vez. He de decir que no me preocupé demasiado por mis compañeros, los imaginaba guarecidos de la lluvia, tal y como hacía yo. 

No tenía ni la menor idea de lo que había ocurrido, pero pronto me enteraría".

La mañana del viaje se presentaba soleada y brillante. El cielo lucía su máximo esplendor y yo ponía en práctica mis ganas de desaparecer y renovar mis energías. 

El viaje había sido preparado por un grupo de amigos que, se habían anunciado en una red social. No tuve más que ponerme en contacto con ellos y me llamaron al minuto uno. Dijeron que quedaríamos en la estación central de Renfe, con lo que allí estábamos mi pequeña maleta y yo, la cual me había costado cerrar con la de cosas que había metido dentro.

Esperé apenas cinco minutos de más, pero cuando el reloj de mi móvil marcó las 12:33, apareció un joven, muy atractivo cabe decir, que se acercó a mí y me preguntó:

- ¿Noelia?

Efectivamente, aquella era yo, me levanté mis gafas de sol y lo saludé con una sonrisa.

- ¿Y tú, eres...?

- Daniel... -me tendió la mano y se presentó con una sonrisa profident ¡Dios mío, qué guapo era! ¡Segurísimo que tenía novia o peor, estaba casado!

"Me moví con expectación cuando escuché un gritó a lo lejos. La curiosidad me llevó a levantarme y mirar a mi alrededor. Primero miré hacia un lado, después hacia el otro, pero era a mi espalda donde se encontraba el peligro..."

Viajábamos en el tren, que nos llevaba a Valencia, el cual se me antojó bastante corto. Tuvimos la ocasión de conocernos, descubrí que allí no solo iba Daniel, sino también Carmen, Adriana -que no dejaba de pegarse al guapérrimo amor de mi vida, Daniel-, Rubén, que fue el que había organizado la excursión... Por el momento se les veía muy simpáticos, Rubén nos explicaba cómo había organizado las paradas para hacer la ruta del río Ebro, ya que no completaríamos el camino del mismo, o no volveríamos en mucho tiempo a nuestra vida. 

Hubo risas para amenizar y relajar el ambiente, para que nos soltáramos y nos habláramos. Algunos ya se conocían, pero otros no. El futuro padre de mis hijos, Daniel, a él le conocían todos y parecían llevarse a muerte con él. Todos menos yo, que cavilaba cómo sacarle conversación, si Adriana -que por cierto era cubana- me dejaba.

- ¿Llevas mucho organizando estos viajes? -me atreví a preguntar.

Daniel rio.

- En realidad, yo no los organizo, todo es obra de Rubén, yo sólo soy la cara bonita de la portada -dijo tras mirarme con picardía, mientras se quitaba de encima el brazo que la sexy cubana le echaba por encima.

Si hubiera sabido todo lo que pasaría después... 
                                                            
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