Cuando el mundo se te viene encima...

Nunca te esperas que te den una mala noticia, siempre procuras ver el lado bueno de las cosas. No piensas que pueda sucederte nada malo... Y menos a ti. Ahora mi mente es un murmullo de pensamientos y consecuencias, de malos rollos y tristezas. Intento hacer a un lado a estos malos pensamientos, pero no puedo evitar volver a pensar en ello. Ahora sé que la frase que Bella de la novela de Crepúsculo dice al principio de la obra tiene sentido:

Nunca me he preguntado cómo iba a morir, pero morir en lugar de alguien a quien se ama es una buena forma de acabar.
 Ahora no sé cómo seguir adelante, sé que tengo que ser fuerte, por mi familia. Y en cuanto se dan la media vuelta, vuelvo a derrumbarme.
Mi mente le da vueltas a la cabeza, no hace más que preguntarse ¿por qué? Y sólo encuentro una única solución: el cuerpo es una mierda. Si no le cuidas y lo proteges, se va a la mierda y deja de funcionar.
Yo tengo un problema, apareció en 2008, lo superamos y ahora, en 2012... Nos ha tocado la lotería: ha vuelto. No es exactamente un problema mío, sino de mi padre y ese problema se llama cáncer.
No creí que volviera a caer en la amargura. Siempre me vi fuerte y con capacidad suficiente para superar cualquier cosa, por la frialdad que corre por mis venas. Pero ahora puedo comprobar que no es así.

Otra vez volvemos a lo mismo, a no saber cuándo terminará todo, a las idas y venidas del hospital, a la quimioterapia y ruego a Dios que no haya que poner radioterapia -si, sé que es mejor, pero es mucho más agresiva y no sé si él lo soportaría-.

No tengo ánimos para nada. Sigo adelante porque hay que seguir. Pasan los minutos y se me hacen eternos hasta que llega la noche, donde todos dormimos otra vez.

Y después toca ir a trabajar, pero ¿cómo puedo vender teléfonos móviles? ¿Cómo puedo ponerme a trabajar si mi familia está sufriendo? Sinceramente, ahora mismo no tengo cabeza para nada. Encima por si fuera poco, las cosas en el trabajo no están nada bien: nos exigen demasiado y no nos cuidan nada. Por eso sé que ser tele-operador es una mierda. Es el trabajo menos valorado del mundo. Los jefes no hacen más que pedirte más y más; que en tan sólo cinco segundos resuelvas una llamada y la dejes registrada en el sistema; que en siete horas te hagas veinte renovaciones de líneas con una lista de llamadas muy mala; que ahora no hagas renovaciones y conéctate a esta otra campaña que tengo mucho volumen de llamadas... Y todo por el mismo sueldo de mierda. Sin cobrar incentivos -algo que prometen y que nunca, nunca hacen-. No hacen más que machacarnos y por si fuera poco con la nueva reforma laboral de nuestro amiguísimo, ahora si te pones malo sigue yendo a trabajar porque se considera absentismo laboral ¿Sabéis lo que les diría si pudiera? ¡Iros a la mierda! ¡Por culpa de mi empresa y gracias a su estrés me detectaron intestino irritable y ahora tengo que controlar mucho más las comidas! ¡Por culpa de mi empresa me he infravalorado más si cabe porque para ellos no hago lo suficiente! ¡Y vienen después con "eventos" de pacotilla para que vendamos más! Con un personaje al que habrán pagado una miseria para que haga el payaso en el escenario. Con una bolsa en la que hay una camiseta para muñecas o para osos y un bolígrafo que está roto ¿y con eso quieres que yo venda? ¿así me cuidas?

Estoy muy cansada y ahora el maldito cáncer nos ataca de nuevo. Encima con la maldita huelga de la sanidad pública tuvimos que esperar 3 horas a que nos atendieran. No sé vosotros pero 3 horas y sin comer nada es para coger gasolina y prender fuego al hospital... Luego me detendrían y me llevarían a la cárcel. Mira quizás así se acaban los problemas: encerrada en un lugar de mala muerte y que me hagan la vida imposible -no, no sé lo que digo, por eso lo digo-.

Y ahora que llega la Navidad. Estas fechas siempre me han gustado, a pesar que siempre hemos tenido problemas y no han sido motivo de alegría. Pero el hecho de tener vacaciones, de pasar una noche en familia, de comer al día siguiente los restos de la cena, de cambiar de año... Para mí era el verdadero significado de la navidad. No el consumismo, no las compras y gastar dinero, no: la familia. Pasarlo bien todos juntos sin necesidad de salir por ahí a beber... Porque al fin y al cabo el alcohol no es nada saludable.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Pensamientos, reflexiones y una conclusión...

Yo también he quedado ¡SORPRENDIDA!

Llega ya Navidad... Y te quiero recordar....