OTRA LECCIÓN MÁS...


¿POR QUÉ ADOPTO EL ESTILO DEL ÚLTIMO ESCRITOR QUE ESTOY LEYENDO?


Dices que eres muy influenciable, que sólo eres capaz de escribir copias pobres de libros buenos porque tu cabeza está llena de voces ajenas. No has encontrado una voz personal.

Ser influenciable es una actitud natural del escritor. Todo texto es la confluencia de otros muchos. No se escribe a partir de la nada. Ten PACIENCIA. Lo que pasa es que cada texto que te influye y te lleva a su territorio no produce tu escritura definitiva, sino ensayos. Ensaya hasta que te descubras en una frase. ¿Cómo lo haces? Combina este escritor que acabas de leer con algo del anterior, y así,  contamina hasta saber qué ritmo producen tus preferencias, si es el que corresponde a tu estilo o si debes ajustar el uso. Y recuerda que procede de la coincidencia entre tu voz y la de tu narrador de turno.

Más que de tu modo de escribir, ocúpate de tu modo de mirar.

¿CÓMO COMBATIR EL CLICHÉ?

Te parece que las palabras se alejan cada vez más de lo que quieres contar cuando usas un lenguaje formal o repites lo que aprendiste en el colegio, de tus padres, el que usas en el trabajo o en la calle. Usas tópicos, frases hechas, estereotipos. No te permiten hablar.

¿Cuál es el secreto?

Lanzarte en forma natural. Con tu alegría, tu rabia, tus temores, tus ideas más privadas.

Combatir los clichés es particularizar los detalles a tu modo. No generalices, no lo cuentes con la voz del que informa, hazlo como si se lo contases a alguien que está a miles de kilómetros e intentas que "lo vea". 
¿Acaso no es eso lo kafkiano o lo borgiano, un lenguaje particular, coherente solo en sí mismo?


¿POR DÓNDE EMPEZAR EL TEXTO UNA VEZ ELEGIDA LA HISTORIA?

Nos orienta Juan Rulfo: "Con intuición, imaginación y una aparente verdad. No creo en la inspiración, el asunto de escribir es un asunto de trabajo: ponerse a escribir a ver qué sale y llenar páginas y páginas, para que de  pronto aparezca una palabra que nos dé la clave de lo que hay que hacer, de lo que va a ser aquello. A veces resulta que escribo cinco, seis o diez páginas y no aparece el personaje que yo quería que apareciera, aquel personaje vivo que tiene que moverse por sí mismo. De pronto, aparece y surge, uno lo va siguiendo, uno va tras de él. En la medida en que el personaje adquiere vida, uno puede, entonces, ver hacia dónde va; siguiéndolo lo lleva a uno por caminos que uno desconoce, pero que, estando vivo, lo conducen a uno a una realidad, o a una irrealidad, si se quiere".

El comienzo debe tener algún tipo de gancho, sin que esto signifique un efecto rebuscado. Un buen comienzo es prometedor; uno malo es prometedor de una lectura inconclusa.

En realidad, contiene la esencia del relato, como amplía Raymond Carver: "Me puse a escribir una historia de la que su primera frase me dio la pauta a seguir. Durante días y más días pensé mucho en esa frase: <<Él pasaba la aspiradora cuando sonó el teléfono>>. Sabía que la historia estaba allí, que de esas palabras brotaba su esencia. Sentí hasta los huesos que a partir de ese comienzo podría crecer, hacerse cuento, si le dedicaba el tiempo necesario. Después de esa primera frase escrita de buena mañana, brotaron otras para complementarla, como si escribiese un poema: una línea; y otra debajo; y otra más. Maravillosamente pronto vi la historia y supe que era mía, la única por la que había esperado ponerme a escribir".

Por las dudas, ensaya comienzos diferentes.

Sin embargo, empieza por donde más te plazca, PERO EMPIEZA. Selecciona un punto cualquiera, el final, por ejemplo, y sigue.

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