Prólogo ELDT

 

PRÓLOGO
Las luces del alba comenzaban a iluminar la tierra, el rocío bañaba la superficie del suelo y el cántico de los pájaros interrumpía el largo silencio de la noche; al igual que las estrellas iban desapareciendo con los primeros rayos de sol, la esperanza iba muriendo. En una vasija ardían unas ramas formando un pequeño fuego, otro recipiente lleno de agua mostraba el reflejo del amanecer y un cuenco con tierra se humedecía con el suave rocío que la mañana dejaba caer. En el mismo altar, otra vasija humeaba lentamente con la leve brisa y con los albores del día, el guardián comenzó su tarea.


Vigilaba la sagrada formación, nadie conocía su paradero y apenas gente sabía la existencia de un guardián. Con el techo al aire libre, el altar circular predominante y toda echa de piedra, la formación lucía en una gran explanada verde. Alrededor de la estructura estaban enterrados los anteriores guardianes.


Hacía algunos días que presentía en su interior que algo no iba bien, sus poderes le avisaban pero ya era demasiado tarde, sabía que el destino estaba escrito en el firmamento y que su cuerpo no sería enterrado bajo la misma tierra que la de los demás guardianes. Delante de él tenía una gran estatua, los ojos del ave eran rojos rubíes y su cuerpo de oro puro.

Cuando entre las columnas del lado Este del área circular, se divisaba el Sol, el encargado recorrió la ancha pasarela apagando las antorchas.


Al terminar, se postró de nuevo de rodillas frente a la estatua, mientras lo hacía lo comprendió, en ese mismo y preciso instante supo el significado de todas sus visiones, comprendía el libro y cayó en la cuenta de todas las cosas que le habían acontecido a lo largo de su longeva vida.

El terror se apoderó de su cuerpo y una gran premonición le vino a la mente, chillando con todas sus fuerzas gritó su contenido, las palabras hicieron avivar los elementos de las vasijas, una pequeña columna de fuego y otra de humo, lucían bastante parecidas a un tornado, la tierra vibraba y el agua hacía ondas en su recipiente.


Mientras intentaba recuperarse del trance, venían a su mente múltiples imágenes de su vida, su poder iba mermando a medida que se recuperaba, cogiendo impulso con sus manos consiguió ponerse en pie y cuando se dirigió a un lateral para salir de la formación, apareció frente a él alguien oculto con una capucha negra. El guardián comenzó a temblar, sabía que había llegado el fin, no había encontrado sucesor y su mente estaba bloqueada. El ser encapuchado era alto y erguido, no le pudo ver bien la cara, el ambiente era muy tenso:

- Dame el libro – el guardián que seguía afectado, se negó a decirle nada


- ¿Me estás escuchando, vejestorio? Dime ¿dónde está el libro? o haré morir a tus seres queridos y a ti te torturaré hasta el fin de tu pobre vida.


- Ya acabaron con todos ellos - el guardián le miraba a la cara, con fuerza y valentía aguantaba las lágrimas que luchaban por salir, seguía negándose a decirle nada.


- ¡Tú lo has querido! - el hombre sacó una espada con la hoja muy brillante y la empuñadura negra, gritó unas palabras y de ella salió un rayo que dejó inmóvil al guardián, después, disfrutando, le rebanó el cuello decapitándolo.

En el instante de su muerte supo que no iba a morir en vano, a mucha distancia de allí, en otro tiempo y otro lugar, una pluma había escrito la premonición. El cuerpo del guardián cayó al suelo llenando todo de sangre, el ser se fue dejándole allí, no sin antes tirar todas las vasijas del altar, provocando así un desastre mayor, pues desconocía, que lo que acababa de hacer repercutiría en todas las cosas a lo largo de toda la historia.


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Espero que os haya gustado el prólogo de la primera novela de David Atienza. Semanalmente publicaré los tres primeros capítulos.

Besos, Alezeia 

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