El Legado del Tiempo: Tercer capítulo


CAPÍTULO III: EL PLAN OSCURO

 Sentado en un trono de piedra en mitad de un círculo de grandes llamaradas negras y azules, estaba sumido en la oscuridad el ser que era causante de todo el desajuste en el equilibrio de los mundos, su alma era negra como el más oscuro de los infiernos y su mente era rápida como una víbora. A sus pies tenía a su más fiel servidor desde su juventud.

- Ya está confirmado, el chico ha viajado a mi época.
- ¿Lo has logrado?… ¡ya era hora!- dijo en tono despectivo
- He calculado algo mal y ha caído algo alejado pero le atraeré hacia mí - el ser puso los ojos en blanco.
- Espero que no corra ningún daño, le quiero vivo. – le advertía
 - Sí señor, ¿deseáis algo más? – La oscuridad de la caverna tapaba las facciones del ser, no se le apreciaba bien, aunque causarían pavor.
- Si….me interesan los vasallos de tu época, tengo planes para ellos.
- ¿Para qué los queréis?, ellos no os han hecho nada
- ¿Desde cuándo criticas mis órdenes?- dijo el ser
- Es que… no lo veo necesario inmiscuirlos en nuestros planes – contestó el vasallo temblando bajo la capa.
- Me sirve de mucho tu ayuda…, pero no confundas términos, tú solo eres un servidor y no son tuyos mis planes, no sospechas ni la mitad de lo que tengo en la cabeza.- pronunció con gran altanería.

- ¿Y si… no cumpliera la misión? – preguntó desafiante el vasallo rebelándose.
Murmurando el señor unas palabras, de una larga espada surgió un rayo de color rojo que sacudió el cuerpo del siervo, su mente no controlaba su cuerpo, éste recibía órdenes de otro cerebro, estaba siendo manipulado por su amo.

- ¿Por qué me obligáis? esta maldición me ha obligado a perder muchas cosas en mi vida, ¿por qué la usáis contra mí? – el señor le observaba desde la sombra.
-  De no haberlo hecho, ¿Crees que habrías conseguido todo lo que tienes?, no vales nada, me debes todo lo que tienes y ahora me vas a obedecer, claro, si deseas…tener algo más de poder.- dijo el ser arrastrando las palabras.

- Sí señor, lo que vos mandéis –dijo el siervo cayendo bajo el dominio de la maldición.

- Debes traerlos todos a Thirenae, el chico no debe saber nada, para que al pillarle de improviso le adiestre y me sirva. – el siervo no contestaba, se quedó mirando el suelo y tan sólo se escuchaba el crepitar de las oscuras llamas.

- ¿Hay algo que deba saber Zaethion? ¿Has fallado en algo?- dijo el señor adivinando los pensamientos del hombre. El siervo conservaba la postura, pero se veía como debajo de la capa, todo su cuerpo temblaba.
- Es…que… es muy extraño- consiguió balbucear.
- Cuéntamelo…todo- dijo acariciando la espada el amo.
-… Su alma está ligada a las barreras del mundo y antes de viajar se ha infiltrado en Thirenae.
-¿Por qué?- gritó enfurecido- ¿Por qué siempre tienes que fallar? ¡Eres un inepto! ¡Tienes el cerebro de gnomo racundo!- profirió el príncipe oscuro.

- Señor, por favor…no me hagáis daño, es su alma, no fui yo, no se preocupe tan solo habló con…- el siervo paró la conversación, había vuelto a meter la pata. El señor se puso de pie y las llamas le iluminaron la cara, su piel era blanca, algunas zonas las tenía agangrenadas, sus ojos eran oscuros, aunque quedaban destellos que mostraban el esmeralda que habían lucido en sus mejores tiempos. Su pelo liso azabache estaba bastante largo y una gran capa ocultaba sus vestimentas. Bajó las pequeñas escaleras hasta la pasarela que había y le pegó una patada al siervo.

- ¿Con quién ha hablado?- dijo enfurecido
- No me pegue señor, solo soñó con Limëy y creo que le informó sobre lo que es Thirenae, pero no me pegue más, por favor – suplicaba el siervo con lágrimas resbalándole por el rostro. El amo le pegó varias patadas más, después paró y con la espada le apuntó y le echó una maldición tan fuerte que sus huesos crujían y sus tejidos se retorcían del dolor.
- No me vuelvas a fallar, tráeme al chico y no tardes mucho, tráelo rápido.
- Sí, señor, no se enfade conmigo. – reiteraba el lacayo.

- Dentro de unas semanas, pasaré por la habitación y te dejaré unos objetos transportadores, así me informaré de cómo llevas la misión y como la lleves mal, te mato allí mismo.
-  Vale señor, disculpe alteza, no volverá a ocurrir majestad
- No me implores tanto y vete ya, el chico está perdido y sabes que no puede pasarle nada o habrás arruinado todo.

Cuando el siervo se marchó, el señor volvió a subir a su trono de piedra, allí se quedó pensando en cómo atar cabos sin perder nada que le interesase. Si Limëy había hablado con el chico, quizá le hubiera dicho de su existencia y le había alistado a su bando, en la batalla anterior había faltado muy poco para que la luz se hiciera con el poder, pero su alianza con las criaturas malditas le habían salvado. La disminución de la magia y de la esperanza en el mundo hacía que aumentara su poder y su autoridad, por ello, debía acabar con toda para que no quedara ni un solo ser sin gobernar, para así alcanzar el poder sublime y modificar los mundos a su antojo. En las barreras ya había colocado rocas de las grutas gnómicas que estaban absorbiendo el poder de los mundos, para debilitar a los seres y provocar que en un futuro hubiera un gran enfrentamiento, en el que esperaba resultar vencedor, para ser el Dios inmortal que venció en la última batalla.

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Y el último capítulo que puedo ofreceros de esta trepidante historia... ¿Queréis el libro?

Alezeia

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