Pasando el rato con Javier Ruescas

Buenas noches,

Hace varios días que quería subir esta entrada, pero como estoy super resfriada, pues no he podido hacerla como es debido. Pero aquí la tenéis... 

Regresad al martes 27 de diciembre de 2011, salgo del trabajo a las 16:00, voy corriendo hacia el coche porque había quedado a las 17:30 con Esther, contando con que llego a las cinco menos cuarto a mi ciudad, no debía perder más tiempo.


Nuestra autofoto, nada más vernos

¿Llegué a tiempo? Sí, a las 17:31 salía de la boca del metro de argüelles y allí estaba ella. Después de orientarnos hacia dónde estaba Plaza España, veo a lo lejos el Hotel Meliá de Princesa y ya me habitué, de modo que pusimos rumbo al Centro Cultural Galileo Galilei. Hablando y hablando, llegamos pronto al lugar, teníamos una buena distancia para ir caminando, pero no sé qué me pasa con esta chica que me lío a hablar y el tiempo no corre ¡VUELA!

 Como la anterior no salió muy bien, decidimos hacernos una por separado

Una vez buscamos la entrada, eran las seis y media, por lo que teníamos que entrar si no queríamos llegar más tarde de lo que ya llegábamos. Tras recorrer el laberíntico  pasillo llegamos a un pequeño pasillo donde había una puerta metálica y unas escaleras, hice a Esther que se asomara tras la puerta por si ahí era el taller literario. 

Ya que tengo que deciros que no sabíamos muy bien en qué zona del centro era el taller de Javier y tras preguntar en dos ocasiones, logramos localizarlo subiendo las escaleras, casi nos metemos en un taller Cuenta Cuentos, menos mal que nos dió por seguir preguntando.

El taller acababa de empezar cuando entramos Esther y yo por la puerta y una docena de ojos nos miraba, nosotras entramos despacito y Javier nos indicó dónde debíamos sentarnos. Esther y yo éramos, junto con Javier, los más mayores de la sala, porque allí eran niños de entre 9 y 13 años. A pesar de todo lo pasamos genial, en nuestra mesa las niñas, de diez años, estaban como locas y super emocionadas, sobre todo porque descubrieron un secreto: los dibujos de Esther. 


Os presento nuestra mesa con las pequeñas (la niña de polar azul me enamoró)
 
El taller fue muy divertido, ameno y se me hizo bastante corto. Tuvimos que crear una historia, cada grupo -estábamos divididos en cuatro- y Javier nos decía palabras o frases que teníamos que meter en nuestra historia. Luego la mezclaba y las repartía, de tal manera que nos tocaban historias diferentes ¡Imaginaos qué salió de todo aquello!

Realmente aprendí mucho, pensaréis que ya soy mayor (ya ves tú, con 25 años, jeje), pero como digo yo siempre es bueno aprender y aunque sea en un taller dedicado a los niños, no pasa nada, porque así resulta  más divertido -los que me conocéis sabréis que yo mentalmente no soy muy madura que digamos ¿verdad?-


[La verdad que aprendí mucho, me reí como nunca y eso que estaba febril, tenía frío y me dolía la garganta. Llegué a mi casa rota de dolor, tal que cené, me tomé un antigripal y me fui a la cama]


Cuando el taller acabó, los niños salieron en tropel, las niñas de nuestra mesa se negaban a irse porque se peleaban por un dibujo de un hombre lobo que mi queridísima Esther había dibujado ¡tuvo que hacer dos iguales! Conocimos a Elena, nos habló de su blog -Canciones de madrugada, entre otros- y su nick Cristalice. Después llegó el turno de las fotos, tuvimos que esperar porque Javier estuvo firmando libros y a nosotras nos dejó para el final.


Esther llevó el ejemplar de Tempus Fugit y yo había llevado un cuaderno que me había comprado con las páginas en rosa, para que me firmara en él (es que me encanta este autor). Luego de las firmas, llegó el turno de las fotos, ya que llevaba mi cámara reflex, quería una foto de uno de mis autores favoritos con mi adorada Esther (y con Cristalice). 


Acompañamos a Javier y a nuestra nueva amiga hasta el metro de Quevedo.  Hablabamos, casi todo el camino, de libros y ¡cómo no! de Cuentos de Bereth, saqué alguna pista que me dio Javier del 2º libro -La maldición de las musas- y Cristalice me comentaba algunos detalles de Los Versos del Destino (el tercer libro).

En nuestro trayecto casi morimos atropellados, porque como íbamos hablando, no nos dimos cuenta que el semáforo para peatones estaba en rojo y Javier, Esther, Cristalice y yo cruzamos, excepto la madre de Cristalice que, por supuesto fue más prudente. Para que veáis de lo que es capaz una fan por seguir a su autor favorito (jeje...).


Si os fijáis soy la única morena, los rubios me acechan
No quise hacer alguna en pleno curso porque, aparte que lo estaba pasando muy bien, no veía el momento. Espero que os gusten, y disculpad la demora de esta crónica sobre el taller literario, que desde diciembre hasta enero ya está bien ¿no creéis?

Bueno y tengo que contaros que cuando dejamos a Javier y a Cristalice y su madre en la estación de metro, Esther y yo fuímos caminando calle arriba, calle arriba, hablando de libros, de Aruka (¡Me ha hecho un dibujo! ¡PRECIOSO!), de Invazión... Llegamos hasta una estación de metro sino recuerdo mal era Canal -creo, no me hagáis mucho caso que mi cabeza es ufff-, no sabíamos ni dónde estábamos, ya pensábamos si seguir continuando o darnos la vuelta cuando ¡voilá! una parada de autobús con un mapa de Madrid en la cristalera ¡SALVADAS! Nos detuvimos a mirar dónde estaba esa parada de metro; Esther miraba el plano de metro que había en una esquina y yo  me aventuré a mirar las calles madrileñas en el mapa... En nuestras mentes flotaba una pregunta ¿dónde narices estábamos? pues bien, la respuesta después de publicidad...

¡Ja! ¡Era broma! ¡Lo encontramos! ¡¿queréis saberlo?! ¡Estábamos junto a la Propiedad Intelectual! cerca del  metro Río Rosas... ¿Qué os parece? ¡Menuda caminata nos dimos! Bien ¿qué hicimos? nos dimos la vuelta, desanduvimos lo andado o desanprendido como decía Esther. Queríamos ir a plaza de España para tomar algo, ya que conocíamos más sitios por esa zona, fuímos andando, no cogimos metro ni nada, hablando se nos pasó super rápido (yo estaba febril y me dolía todo).


Mientras bajábamos de repente un señor mayor que no conocíamos de nada murmura algo initeligible. Esther le preguntó qué decía, yo permanecí callada por no soltarle una burrada y dijo: "Tu amiga se parece a unas cortinas". Imaginaos nuestra cara, porque se refería a mí claro está. Pues el tipo este se refería a que mis botas llevaban unos cordones muy parecidos a los que sujetan las cortinas con dosel. Menuda gracia ¿no?... ¡Qué chistoso el hombrecillo!




Enferma, con fiebre, dolor de garganta, pero siempre Divina

Comentarios

Esthervampire ha dicho que…
Menuda tarde más movidita!! Pero me encantó, me lo pasé genial. Javier tan majo como siempre, y las niñas una ricura, aunque me volvieran loca quitandome los dibujs a medias XDD Conocer a cristalice un verdadero placer. Por cosas así yo siempre animo a la gente a ir a eventos, presentaciones y demás. Siempre puedes conocer a más escritores majos que como tu avanzan por ese duro camino. Un besote y esas tardes hay que repetirlas. (Y el hombre siniestro de la cortina??? Dios! pensé que iba a soltar alguna guarrada por la boca XDD Qué miedo!!).

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