Capítulo 23: El Pacto

Es noche cerrada. La luna se oculta entre las nubes y ni una sola estrella ilumina el extenso firmamento.

Elizabeth contempla al hombre que permanece de pie frente a ella. No sabe quién es ni qué hace allí, pero aquel tipo no le inspira demasiada confianza.

- ¿Quién eres?  - Se atreve a preguntar la joven.


Él sonríe y la toma de la mano. Elizabeth se muestra algo reticente a coger su gélida mano, pero es bastante impulsiva y no piensa que haya algo de malo en hacerlo.


- Sígueme, por favor - Susurra él sin mirarla, caminando hacia delante por el frío adoquinado de la plaza de Oriente de Madrid.


La calle se encuentra vacía, a pesar que son las diez de la noche. Las luces de las farolas iluminan la escena que se desarrolla a continuación, nadie puede contemplarlo, excepto ellas y la pareja que camina en silencio, con andares muy armoniosos.


Elizabeth no cesa en observarle. Esa figura le es bastante familiar, esos hombros tan cuadrados y fornidos. La camisa marca sus bíceps arrugándose más. Si ella pudiera respirar en ese momento, está segura que se habría acompasado en aquel momento, al observarle. Pues él es extremedamente atractivo, sin embargo lo que más le llama la atención son sus ojos. Los ojos de él tienen un brillo extraño, además que son de un color bastante llamativo: son dorados. Ella jamás ha visto un tono así de ojos, resultan demasidado exóticos e hipnotizantes, no puede dejar de mirarlos.


- ¿A dónde me llevas? - Se atreve a preguntar Elizabeth, mordiéndose la uña del dedo índice.


Él tarda en responder unos minutos, que para la joven se hacen eternos. Lizzy no puede verlo, pero él está sonriendo con picardía.


- A casa... - Musita en un tono de voz muy bajito.


***********


El reloj de cuco, que preside en teatro Español de Madrid en su antesala, toca las doce de la noche. Aparentemente el teatro está cerrado, pero no es así. Aunque las luces están apagadas, únicamente se encuentran iluminadas las luces de emergencia del teatro. Ni una sola alma vaga por el lugar, al menos eso parece...

Sin embargo, en la sala donde se representan las obras literarias, encima del amplio escenario se encuentra el diablo en su más pura esencia, la de un auténtico monstruo. Sus ojos rojos miran inexpresivos hacia el fondo. Se encuentra acuclillado, con sus garras sobre sus largas piernas. Sus dientes se enseñan con ferocidad, demostrando que no está de buen humor.

En la entrada a la sala, con temor de mirar a la bestia que se encuentra en el centro del escenario, se encuentra Melissa. Nota como él la observa, pero no dice nada. Ha escondido sus alas de ángel, sabe que si se enfrenta a él no debe recordarle que ha cambiado de bando, si quiere obtener su ayuda, no debe hurgar en la herida. Las manos de ella le tiemblan, no sabe cómo empezar, no sabe cómo dirigirse a él, pues nunca antes habían coincidido frente a frente.

- Te estaba esperando - A Melissa le sorprende el tono de voz de él, pues se trata de una voz profunda y grave. Él continúa hablando - Me ha entristecido tu muerte, hubiera podido cambiarlo, pero... -

- ¿Cambiarlo? - Palabras que no pasaron desapercibidas para Melissa, no entiende qué  habría hecho él, sabiendo quién era.

El diablo ríe. Melissa tiembla cuando decide mirarle de frente. Al ver su figura, de horrible apariencia, no puede evitar ahogar un grito de terror.

- Tu muerte podía haber sido distinta, pero no has venido a eso  y lo sabes - El Diablo desvia unos instantes la mirada hacia el ennegrecido suelo del escenario y ríe, se trata de una risa fría y descarada - Si Él supiera lo que pretendes hacer... -

- Tú tienes el poder para alejarla de todo esto, devolverla a ... La normalidad, a como ella era - Se atreve a proponer Melissa, tensando los puños con firmeza.

- Y a cambio ¿qué harás? - Susurra él, sin dejar de mirar el suelo del teatro y arañándolo con su afilada uña.

- Caeré -Dice Melissa de forma tajante, su voz suena segura de sí misma.

Entonces el Diablo adopta su forma humana. Adopta la forma del atractivo Marcos para acercarse al ángel. Según camina, su mirada se concentra en la de Melissa, sin mostrar ninguna expresión. Su gélido rostro muestra una seriedad inminente. Sus pasos son largos y camina con ligereza. Pronto se encuentra frente a Melissa, que vuelve a temblar, aunque con cierto disimulo.

- No es eso lo que ansío - Murmura Marcos, su tono de voz no varía con su autentica forma, continúa siendo grave, seductora y profunda.

Melissa intenta disimular su nerviosismo al estar tan cerca de él. Ahora puede entender cómo han caído tantos ángeles, pues él, tras aquella apariencia, es bello, parece puro y domina cualquier situación al instante. 

Sin quererlo, Melissa comienza a abrir paso a sus medianas alas en su espalda. Un acto que a Marcos sorprende sobremanera, pero no dice nada al respecto. Simplemente acaricia una de sus blancas plumas y se lleva la punta de las alas hacia su nariz, como si fuera a olerla. Aspira el aroma, dulce, del ángel, haciéndole recordar...

- Traéme a María, aquí, en este mismo lugar y liberaré a tu hija de esa carga - Sentencia Marcos observándola fijamente a los ojos, con una dureza inusitada.

Melissa no articula palabra alguna, es como si se hubiera olvidado del simple proceso de hablar. Se lleva la mano donde estuvo su corazón latiendo, años atrás. Mira como Marcos le tiende la mano, para sellar su pacto. 

Ella duda, pero finalmente accede, le da la mano y ambas se sacuden en dos movimientos secos y rápidos.

- Tres días, ni uno más - Marcos separa su mano de la de Melissa tras decir la última palabra y desaparece de repente.

Melissa permanece quieta durante unos minutos. No sabe si lo que acaba de hacer está bien, de hecho en el fondo sí sabe que no es correcta su actitud, pero no ve otra salida.

Fuera, en las calles de Madrid, comienza a llover copiosamente. Los truenos se suceden uno tras otro, diluviando en plena noche de un miércoles. Bajo la lluvia un joven bastante apuesto camina, sin importarle que se esté empapando. Sonríe. Sonríe porque pronto se reunirá con ella.

Un transeúnte se choca con él. Ni siquiera le pide perdón. Él se gira y observa como aquel se aleja sin siquiera mirarlo a modo de disculpa. El otro no se detiene hasta que no nota que sus pies no avanzan más. El paseante nota como intenta mandar la acción de caminar a sus piernas y éstas no obedecen. Es más las siente totalmente débiles, sus rodillas se doblan y cae al suelo.

- ¿Qué? - Inquiere el paseante llevándose las manos hacia las piernas.

En ese momento, el otro se agacha a la altura del transeúnte y levanta su barbilla para encararlo.

- ¿No te enseñaron a pedir perdón? - Pregunta Marcos apretando con fuerza la mandíbula.

- ¿Quién es? - Por primera vez el transeúnte se atreve a mirarlo a los ojos, pero se arrepiente al momento pues unos ojos rojos lo miran con furia.

Antes que Marcos pueda revelar su identidad, el transeúnte cae muerto al frío suelo madrileño. Los ojos del hombre sin vida permanecen abiertos como si vieran el iris rojizo de su asesino.

**********

María se incorpora sobresaltada de la cama. Está sudando, tiene el pelo empapado y respira agitada.  Ha tenido una pesadilla, una pesadilla demasiado real... Él ha vuelto a matar.

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*** ¡¡¡Por fin subo este capítulo!!! Os cuento que llevo dos semanas queriendo actualizar, pero he estado ocupada con mis sobrinos que viven a 600 kilómetros de mí. Un besito y decidme qué os parece ; ).


Comentarios

Arantxa Martín ha dicho que…
Preciosa genial el capítulo...ya tenía ganas¡¡¡
Feliz dia del libro y cuando puedas mándamen en un correo electrónico tu dirección postal que quiero mandarte unas cosillas.

Un besazo
Mi pequeña fantasía ha dicho que…
Hola! :) Pues llegé aqui de casualidad jeje saltando de blog en blog :p

Decirte que hago un concursillo en mi blog, mi 1er concursillo :D si te inteesa:
http://apuestoportimifantasiaaldespegar.blogspot.com/2011/04/dioooos-no-me-lo-creo-hemos-llegado-los.html

Tambien decirte que mi blog es una novela on-line y me encantaria que le dieras una oportunidad cuando tengas un ratito libre (>.<) pliis
Muchos besotes!
.:PaTrY:. ha dicho que…
Te escribo por aquí ya que a los emails parece que no le haces caso. Era para decirte que el plazo de enviar el regalo del amigo invisible se acabo antes de semana santa, tendrias de enviarlo cuanto antes, y decirme el número de seguimiento. Y ya de paso mandarme las fotos de tu regalo que ya recibiste.

Besos!
angy.w ha dicho que…
Pues, ¿qué decir? ¡¡perfecto!! las cosas comienzan a moverse!! pero la verdad es que todos los capítulos se me hacen demasiado cortos, siempre tengo ganas de más y más...xD
Elvira ha dicho que…
Aunque se haya hecho esperar el capítulo ha merecido la pena :)
Adol ha dicho que…
Una oferta así siempre es aceptada por ambas partes ¿qué mejor que la caída de un ángel? un pacto sucio desde luego como ya define al bien en múltiples de ejemplos.
Lydia ha dicho que…
EXCELENTE MUERO POR VER QUE VA A PASAR

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